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El pueblo es una extensión de nuestros hogares

El jueves 4 mayo, 2017 a las 12:22 pm

Por Fernando Maclanil

Llevo cuatro años trabajando con adolescentes infractores de ley en lo que se conoce como Sistema de Responsabilidad Penal Adolescente. Varios de ellos se han despedido de mí con un cálido abrazo después de una intervención psicológica, pero una bala impide que otro abrazo nos permita seguir honrando la vida con un objetivo que haga resplandecer en sus mentes aquella máxima cristiana y griega de «Ama a tu prójimo como a ti mismo».

Este empleo me ha dado luces para conocer algunos factores que bajo la sombra de nuestros prejuicios y creencias irracionales crecen en silencio en contra de la salud mental y emocional de nuestros hijos e hijas.

En cuanto a los prejuicios, no podemos dejar de lado la equivocada creencia de responsabilizar del consumo de sustancias psicoactivas y de la violencia en Villa Rica a la Administración Municipal en cabeza de Yeni Nair Gómez. Creerlo, es tejer una peligrosa telaraña que al final atrapará como mariposas a casi todas las generaciones futuras en el flagelo de la violencia y del consumo de sustancias psicoactivas.

Por obvias razones, la culpa no es de Yeni Nair; ella simplemente es alguien que gracias al ejemplo y a la seguridad en los afectos, podrá cambiar la historia al interior de su casa. Que la vida la puso como cabeza de una gran familia municipal, eso es otra cosa, sin embargo, tampoco puedo aceptar que las fallas que puedan presentar mis hijos se deban a ella por ser la alcaldesa.

La objetividad no me permite entenderlo así. Más bien creo prudente reconocer, o sea, conocer por segunda vez, que la atracción al delito y al consumo de sustancias psicoactivas de parte de nuestros adolescentes, es la resulta de una demora ética que nos responsabiliza a todos del desastre que apenas está asomando su tenebrosa cabeza en nuestras calles.

Muchas veces vemos a padres de familia enviando a sus hijos a comprar licores, cigarrillos. Muchas veces, y eso hace parte de la propaganda que desde los hogares se hace a favor de los griles y las tabernas del municipio que más tarde serán ocupados por menores de edad ante la ley por muy altos y acuerpados que sean. O sea que la ley no se aplica al respecto. O sea que fallamos todos.

Siendo así las cosas, la mejor solución no es una palabra mágica que detenga el asesinato de nuestros adolescentes por las absurdas justificaciones que los mueven; la mejor solución es evaluar en nuestros propios hogares las pautas de crianza, el respeto mutuo. Analizar cómo está el diálogo con nuestros hijos y si es cierto que somos para ellos un modelo a seguir en algunas cosas.

Preguntas como esas nos revelarían que el camino de las drogas inicia en casa; que sin darnos cuenta muchas veces hemos sido el jíbaro de nuestros hijos cuando les tapamos la boca con algún regalo para que no expresen lo que sienten en el corazón, y que también hemos sido su «Liebre» cuando en vez de reprenderlos los amenazamos o los amedrentamos.

El rápido crecimiento de la población también aturde la sensatez de la gente al tratar de darse respuestas salvadoras frente a los asesinatos que se están presentando.

Si los asesinados fueran personas que han llegado a Villa Rica, seguramente seguiríamos creyendo que los que se pueden dañar son otros, reforzando más la ceguera colectiva, pero lo que ha ocurrido es la prueba de que nuestros hijos también son presa fácil de la delincuencia y del consumo; que igual a los de otros municipios se pueden entregar a las fauces del odio a riesgo de perder sus propias vidas.

Por lo tanto, bajémonos de la nube: Somos susceptibles a todo lo bueno y lo malo que se da en el contexto regional y mundial. Somos un municipio igual a todos a pesar de tener pocos años de autonomía administrativa.

Por otro lado, lo que debería hacer la Alcaldía, es invertir en escuela de padres (amén si ya lo viene haciendo), pues a quienes se debe redireccionar es a los padres de estos pubertos enamorados de una pelea absurda y de un revólver. Para eso se requiere de una buena inversión que ojalá esté lejos o al margen del cálculo electoral y de la indiscutible corrupción generalizada en todo lo público.

En el camino de la vida es que se aprende a ser padre y madre, por eso son naturales las fallas, y a veces es necesario que una persona nos ayude a entender en qué estamos fallando para no seguir multiplicando las tragedias.

Para comprobar cómo están los niveles de autoridad ante nuestros hijos, deberíamos ponernos un reto escalonado. Las propuestas están abiertas.

En una próxima opinión pondré la mía con la expectativa de que ustedes planteen las suyas y por medio de una votación por este medio definamos cuál es la que debemos aplicar quienes así lo decidamos.

Si sacamos alguna conclusión seguramente la Administración se sumará, pues para eso está. No esperemos que la Alcaldía haga para gusto de nosotros, pues sin el compromiso irrestricto de los padres y madres de familia, es poco lo que la Policía y demás instituciones pueden hacer.

Finalmente, presento mis condolencias a padres y madres que han perdido sus hijos en esta incipiente violencia en Villa Rica. Espero que estas tristes noticias, que a lo lejos consternan a villarricenses que se fueron a otros países dejando un pueblo relativamente sano y tranquilo, no sigan oscureciendo nuestra fe en el presente y en el futuro.

Es hora de entender que el pueblo es una extensión de nuestros hogares.

Empecemos.

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