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Proceso de paz en crisis

El lunes 20 abril, 2015 a las 5:51 pm
Carlos E. Cañar Sarria

Carlos E. Cañar Sarria carlosecanar@hotmail.com

La masacre de 11 soldados y un saldo de más de 20 heridos en el Cauca por parte de las Farc, ha colmado la indignación nacional. No es para menos. De ahí la solidaridad con las familias de las víctimas y con las Fuerzas Armadas. El ataque se dio mientras  avanzaban los diálogos de paz en La Habana y continuaba el cese unilateral del fuego declarado a finales del año pasado por el grupo guerrillero y que hasta el momento del execrable ataque parecía que estaban cumpliendo. Pero no fue así. El proceso de paz llega a su peor crisis, situación que polariza aún más a la sociedad colombiana ante la opción de suspender definitivamente las negociaciones o continuar con ellas a pesar de las incuestionables dificultades.

Quienes hemos investigado y escrito sobre algunos procesos de paz en Colombia, conocemos un poco sobre las denominadas ‘lógicas’ de la guerra; entendemos que construir el camino de la paz no es tarea fácil. Que los procesos no dejan de tener una serie de obstáculos, tropezones, contradicciones y dificultades que es necesario superar para evitar que se aborten.

En el caso del actual proceso, las Farc con el anuncio del cese unilateral de ataques debieron dar muestras de paz, pero como no lo hicieron, deben  ahora encarar al país para demostrarle si en verdad están interesadas en la reconciliación nacional, porque de otra manera, resulta inútil seguir perdiendo tiempo en La Habana sembrando falsas expectativas en un país hastiado de esta guerra absurda que ha dejado una estela de sangre, pérdidas humanas y daños a la infraestructura nacional por más de cinco décadas.

Resulta ininteligible e inadmisible que ante la vocación de paz de un presidente como Juan Manuel Santos, empecinado en este anhelo nacional de contar con un país pacífico y desarrollado, donde todos tengamos cabida y en el que se viene anunciando la etapa del postconflicto, que seguramente vendría con profundas reformas socioeconómicas y apertura política, las Farc parecen no entender esta iniciativa y colocan el proceso en un estado de suma gravedad, desaprovechando esta coyuntura histórica e irrepetible. Las Farc tienen mucho que explicarle al país porque con los recientes hechos reprobables del Cauca, el escaso o moderado grado de confianza se ha perdido. Esto ha hecho que algunos sectores de la sociedad estén proponiendo que urgen los acuerdos como resultado de la agilización del proceso y otros que no se continúe con este juego. Quedan serias dudas de si hay o no coherencia entre los negociadores de la guerrilla en La Habana y lo que están haciendo los frentes guerrilleros en el interior del país. Porque si no hay coherencia el asunto se hace más crítico, algo que la guerrilla debe explicar.

Paz - Colombia

Que el presidente Santos ha cometido errores es cierto pero no se le puede tratar como el chivo expiatorio de todos los males y tragedias del país, simplemente porque las cosas no resultan bien. Por eso nos sumamos a quienes piensan y proponen que precisamente, en estos momentos difíciles debemos rodear al presidente en este propósito impostergable de la paz.

Que si el presidente decide continuar con el proceso de paz, indiscutiblemente debe analizar de manera mesurada los avances y retrocesos de los diálogos, reconocer los errores y establecer los reajustes pertinentes, mientras las Farc explican con la verdad al país si quieren la paz o prefieren continuar con la guerra. Muestras de paz se le ha venido reclamando a las Farc no sólo a nivel nacional sino también de parte de la comunidad internacional, esta última cada vez más comprometida con la paz de Colombia, como quedó constatado en la reciente Cumbre de las Américas celebrada recientemente en Panamá.

Duele en el alma, la pérdida de las vidas de los soldados y la gran mayoría de colombianos deseamos y esperamos que este triste, oscuro y lamentable episodio de nuestra historia, no se vuelva a repetir jamás. Reiteramos a las familias de las víctimas, a las Fuerzas Armadas, al pueblo colombiano y al presidente de la República sentimientos de solidaridad. El país quiere la paz y el presidente Santos desde el comienzo siempre ha sido enfático en que esta no se hará a cualquier precio y que se tendrá en cuenta la Constitución y las leyes.

Muchas expectativas existen en todo el país y en la comunidad internacional sobre el futuro inmediato del proceso de paz ante esta grave crisis. Pensamos que mientras quede un soplo de esperanza debemos mirar con un relativo optimismo la difícil posibilidad de despejar los obstáculos y construir los caminos hacia la reconciliación nacional como valioso aporte a las futuras generaciones, ya que las nuestras, sólo hemos conocido la violencia. Buscar la paz es un imperativo nacional. Sin paz todo es caótico e incierto.

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