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Jueves, 13 de agosto de 2020. Última actualización: Hoy

PRIMERA PRESIDENCIA DEL GENERAL MOSQUERA

El domingo 22 febrero, 2009 a las 6:39 am
Viernes 20 de febrero, 2009
De: Mario Pachajoa Burbano.

Amigos:

Manuel y Jaime Arteaga Hernández en su libro «Historia Política de Colombia» (1999) en las páginas dedicadas a la primera presidencia del Gran General Mosquera hacen, de éste, una radiografía que la ofrecemos hoy.

«Es el general Mosquera el personaje más popular en nuestra historia. Principió su carrera política desde niño, pues no había cumplido dieciséis años cuando a pesar de pertenecer a una de las familias más aristocráticas de Popayán, pues se decía descendiente de los condes de Altamira, de los duques de Feria y Alba y de Guzmán el Bueno, tomó las armas en el ejército de Nariño. En aquella campaña luchó con valor y recibió el bautismo de sangre, con un balazo que le despedazó el maxilar inferior, por lo que le quedó para siempre un defecto en la pronunciación. Tenia la voz confusa, como mascada y medio silbada y la boca mal conformada, por esto se le llamaba Mascachochas. Más tarde, en uno de sus viajes a Europa se hizo poner una mandíbula de plata».
«Su verdadero ideal -dice R. Núñez- era el ruido, la gloria, con grandes dosis de orgullo patriótico. Su inteligencia era casi febril, sus dotes fundamentales eran la audacia, la perseverancia y la energía. … Hombre de terribles movimientos de cólera en que hubiera podido reproducir a Tiberio.»Nunca lució como orador. Nadie fue más cansado, personal e impertinente que él en la tribuna, donde jamás habló sino de sí mismo -dice Samper-; tenía el don de fastidiar siempre a sus colegas y despoblar las barras. Su elocuencia era narcótica, así como su pensamiento homicida. Cuando se trataba de discutir algo, aducía siempre, como argumento decisivo de autoridad impecable, los actos que él había ejecutado, los propósitos él había tenido, los pensamientos que él en alguna circunstancia había emitido. A sus ojos la razón no estaba en la verdad sin en él”.

«A sus méritos personales sumaba los de su familia: su padre se mereció del Libertador que dijera que al haber podido elegir padre, después de muerto el suyo, designaría como tal a éste. Sus tres hermanos fueron hombres de alta distinción: Joaquín presidente de la Gran Colombia y después vicepresidente de Nueva Granada, Manuel José Arzobispo de Nueva Granada y Manuel María hábil diplomático. Además era el suegro del presidente que dejaba el solio, Pedro Alcántara Herrán».

«Todo aquello no era suficiente a satisfacer su insaciable vanidad. Decía que su apellido tenía por origen que uno de sus antepasados luchando contra los moros al lado de Fernando V, el Católico, recibió una profunda herida en el cuello; sin hacer caso de ello siguió en campaña y como viera el rey que su herida estaba cubierta de moscas, le dijo: El lanzazo de tu cuello no parece ya una herida, sino una mosquera, por ello el guerrero ya no tuvo otro nombre. Más tarde descubrió parentesco con Eugenia de Montijo, esposa de Napoleón III».

«Ocupaba, pues, la Presidencia un hombre notable bajo muchos puntos de vista, pero debido a su carácter nadie se sentía bien seguro, pero su prestigio militar hacía olvidar sus defectos, se creía que tan sólo quien se impusiera por el miedo podría asegurar un buen gobierno. Todo mundo estaba seguro de que a Mosquera le asistía la energía necesaria para hacerse respetar. La nación, fatigada por la sangrienta guerra civil que acaba de pasar, antes que pensar en nuevas luchas quería curar sus heridas, y buscaba el medio en las virtudes de la paz».

Cordialmente.

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