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¿POR QUIÉN DOBLAN LAS CAMPANAS?

El sábado 16 enero, 2016 a las 3:20 pm

“Polvo serás, más polvo enamorado”. Quevedo.

Armando Orozco Tovar

Armando Orozco Tovar

No paraba de llover, mientras observaba desde mi casa en Bogotá por televisión aquella noche, la apertura de la urna con los restos del Libertador, en el Panteón Nacional de Caracas, permanecido desde el siglo XIX, cuando fueron llevados de Santa Marta a la capital venezolana.

Estaba tan admirado con esta ceremonia en espera del momento anunciado por Chávez, diciendo que se pasaría la solemnísima ceremonia de desvelamiento de los restos de Bolívar.

De pronto ante mi vista aparecieron unas personas de blanco con la indumentaria adecuada para estos mortuorios menesteres. No supe cuántas personas serían, las encargadas de quitar la tapa de la urna. Pero si vi cuando surgió una bandera venezolana elaborada en Inglaterra en el siglo XIX, según dijo después el presidente Chávez, siendo él, el primero en verla por estar muy cerca. El pendón se retiró y dobló con sumo cuidado.

Apareció una cubierta gris de plomos abollado en el momento en que con rayo láser en la mano una de los científicos presentes por los bordes la cortaba. Fue cuando me pregunté, ¿cómo estarían los restos de Bolívar? Imaginé sólo ceniza. Pero cuál no sería mi sorpresa al ver surgir su esqueleto con su dentadura intacta y cráneo perfecto. Después Chávez diría, que la muela última le faltaba del maxilar superior.

Restos de Simón Bolívar en Venezuela

Observé también su caja pectoral con costillas. Las tibias, el peroné, los astrágalos, los falanges de sus manos y pies. Todo el esqueleto de don Simón era casi perfecto. Pero lo que más me impresionó, fue su pequeño cráneo con sus orbiculares enormes donde habitaron aquellos ojos, que poseían la llama de su mirada a la que José Martí se refiere en su obra la Edad de Oro: “Los ojos le relampagueaban”…

En la caja había también algunos pedazos de botas y retazos de su última camisa, regalo en sus últimos días de un inglés de su guardia personal. – Y me dije-: “El esqueleto de Bolívar, sigue aún admirable después de tanto tiempo, como sus ideas, impulsoras de la Revolución Bolivariana, dirigida por el comandante Hugo Chávez”.

Medito en esto y permanezco de pie sin testigos, ni cámaras espías, eso es lo que creo, en mitad de la fría y húmeda madrugada bogotana, mientras escucho el himno: “Gloria al bravo pueblo”, frotándome lágrimas. En el corazón repica una campana. “¿Por quién doblan?”.

Mañana será otro día cuando desde sus huesos de su cara los científicos en 3D adivinen su verdadero rostro.

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