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POR LA LIBERACIÓN DE INGRID BETANCUR

El domingo 6 enero, 2008 a las 10:41 pm

La soledad de un secuestrado es la terrible condición, inhumana, de alguien que ha visto la sombra profunda de la tristeza y la injusticia. Los momentos deben ser inmensos, la desolación eterna, los recuerdos dolorosos, la soledad hiriente.
Alguien como Ingrid Betancur está sentada, ahí, en la selva inhóspita; parece una estatua triste; inmóvil, su cuerpo se ha rendido a los silencios infinitos, al tormento del cansancio, a la seriedad amenazada de la heroína que tal vez aguarda su última batalla. No tiene los brazos atados, pero todo su ser es impotente; es la angustia de no poder SER, porque le han quitado la voz, la capacidad de protesta, los ojos para la esperanza, la fuerza de la lucha, el vigor de la palabra.
Ella, en su valentía de guerrera que no se rinde, da, ahora, muestras de cansancio; reclama el aire que le falta, el afecto de sus seres queridos, las caricias de su madre, de su esposo e hijos. Pero Colombia la buena, la patria que todavía tiene sentimientos y visiones de justicia, clama a voces llenas que la liberen, para que pueda ella restaurar su amor, la calidez del alma que le han lacerado miserablemente en ese cautiverio, y para que todos podamos creer nuevamente en versiones posibles de la paz y la concordia.
Queremos ver nuevamente la risa optimista de Ingrid; queremos oír sus voces que luchan por un país nuevo, sus discursos que bosquejaban el lado posible de la realidad, la vía de la reconciliación y el reclamo de la justicia.
Quiera Dios que liberen inmediatamente a Ingrid; íntegra, lista para la faena del compromiso de ayudar a un pueblo, de crear ideas creíbles, horizontes despejados y visiones progresistas.
Señores de las FARC: ¡Devuélvannos el derecho a la fe; a creer en una historia, en un futuro, en el hombre libre, en el alma luminosa de las cosas, en la risa afable de la condición humana, y en el nombre de un país que ya lo ha perdido entre rebrujones de sangre y gritos horrorizados por la barbarie!
Señores de las FARC: ¡Devuélvannos a Ingrid y a todos los secuestrados de Colombia! El país entero lo demanda, la historia lo exige, la bondad del alma lo pide hasta las alturas. Solo un sentimiento civilizado puede iniciar una era de justicia en este mundo y borrar, de una vez por todas, este tiempo hórrido y oscuro que cubrió, desde hace mucho, a nuestro país del Sagrado Corazón!

Rodrigo Valencia Q, Popayán, diciembre 14 de 2007.

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