Domingo, 9 de agosto de 2020. Última actualización: Hoy

CLÁSICOS PARA NIÑOS QUE NO TIENEN LIBROS

El domingo 13 abril, 2008 a las 7:51 am
Por: Eduardo Gomez

Los mejores escritores refieren que tuvieron la suerte de que sus padres y abuelos les contaron historias. Muchos de ellos, por haber nacido suficientemente temprano, tuvieron una infancia libre de la televisión -que lo domina todo-; así, ejercitaron la imaginación en lugar de ver pasivamente lo que imaginaron otros. Este es el caso de García Márquez. Otros, como el francés Charles Perrault, visitaron regiones, se hicieron amigos de las gentes y les oyeron sus historias, las que luego compilaron en libro; tal es el caso de los mundialmente famosos cuentos «Cenicienta» y «Caperucita roja».
Pues bien: la Presidencia de la República y el Convenio «Andrés Bello» están llevando a muchas partes de Colombia un programa de promoción de la lectura denominado «El valor de la palabra», programa que incluye obras de autores como los nombrados (el cuento del Nobel colombiano es: «Un señor muy viejo con unas alas enormes») y muchos otros.
Está orientado a escuelas públicas donde van niños de familias de muy escasos recursos, escuelas cuyas bibliotecas son además muy pobres, casi inexistentes. Por otra parte, con las pruebas «Saber» se ha constatado que los chicos de esos establecimientos educativos –y de muchos otros- tienen serios problemas con la comprensión de lectura y con la propia expresión: habla y escritura.
Otros autores: el chileno Luís Sepúlveda («Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar»), la española Gloria Sánchez («Chinto y Tom») y la argentina Elsa Bornemann. De esta última, en la colección aparece su obra: «No somos irrompibles (12 cuentos de chicos enamorados)», antología de la que hace parte el cuento «Quién es ese ganso?» que se refiere a Gerardo, un chico enamorado de una condiscípula, Marcela -la que sólo tiene ojos para el actor Robert Redford. En consecuencia, el pretendiente sin muchas posibilidades tiene que contentarse con ayudarle a completar su álbum de retratos de Redford… lo que inquieta y confunde a los amigos de Gerardo!
Más autores latinoamericanos: la brasilera Lygia Bojunga («Angélica») y el cubano Onelio Jorge Cardozo, autor de «Francisca y la muerte», cuento incluido en una antología de narraciones fantásticas.
Desde luego en la colección hay autores de grandes clásicos internacionales: Antoine de Saint-Exupery («El principito»), Robert Louis Stevenson («La isla del tesoro»), Oscar Wilde («El fantasma de Canterville»), Jack London («El llamado de la selva») y el italiano del siglo XIX Edmundo de Amicis, autor de una obra en la que se basaron decenas de versiones audiovisuales que hicieron llorar a millones de niños: «Corazón».
Una conocida serie de dibujos animados hecha para TV por los japoneses, que pasó con mucho éxito en los años 80, «Marco», retomó la trama… y causó muchísimo traumatismo sicológico en los menores alrededor del mundo porque una cosa es sufrir hora y media con un niño que busca infructuosamente a su madre (la película), y otra agonizar con él a lo largo de un año, en 50 capítulos..!
Otro autor incluido en «El valor de la palabra»: Ray Bradbury, con «El ruido de un trueno», dentro de una antología de cuentos de ciencia ficción. Bradbury es el mundialmente famoso autor de «Fahrenheit 451», la temible anticipación que plantea un mundo sin libros, apacible y unánime (los libros serán considerados entonces –como hoy- muy peligrosos, porque invitan a pensar, alborotan, llevan a la gente a rebelarse). La razón de ser del título es que a esa temperatura arde el papel, y los bomberos, en ese mundo donde todo lo demás será incombustible y estúpido, tienen el encargo de quemar cuanto impreso descubren por allí. Pero unos hombres en una isla se empeñarán en salvar los libros, memorizándolos…
Más autores: Catherine y Laurence Anholt, quienes con «Historias de siempre contadas como nunca», varían un poco, actualizan, cuentos infantiles universales; Michel Ende, el autor de «Momo» -una obra sobre el tiempo-, esta vez con «Filemón el arrugado»; Ian Whybrow, con «Lobito aprende a ser malo»; Roald Dahl con «Charlie y la fábrica de chocolates»; Dav Pilkey con «Las aventuras del capitán Calzoncillos»; y el dibujante de tiras cómicas y escritor Frank Tashlin con «El oso que no lo era»: un oso que invernó tan largo que al despertar habían construido una fábrica encima de su madriguera. A la fábrica lo incorporaron como obrero, y el capatáz no hacía más que decirle: Hombre tonto, muy grueso y torpe que no se afeita e insiste en ir siempre con abrigo de piel..!
Cual puede ser uno de los principales frutos de este programa? Que los niños cuando avancen a secundaria, querrán ir directamente a los libros en lugar de atenerse a esos perniciosos resúmenes que venden impresos, o a las síntesis y sinopsis virtuales para «copiar y pegar» que se consiguen en «Google» y en «El rincón del vago», porque una cosa, nutritiva y deliciosa, es degustar un banquete, y otra, muy inferior, leer sólo la carta del restaurante!
En Popayán, varios colegios públicos y los de Comfacauca, se benefician de «El valor de la palabra»; la representación del programa para este Departamento la tienen los Servicios sociales de la Caja de compensación.

Leer más…
Sigue a Proclama en Google News
Deja Una Respuesta