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Popayán, un caos

El martes 5 noviembre, 2013 a las 4:10 pm
Carlos E. Cañar Sarria

CARLOS E. CAÑAR SARRIA
carlosecanar@hotmail.com

                La sensación que sobre Popayán se tiene actualmente es que es una ciudad caótica. Reiteramos que desde el terremoto de 1983, la ciudad no había estado tan fea. Propios y extraños así lo perciben. Las redes sociales así lo constatan.

               Es cierto que cuando se trata de realizar obras de fuerte impacto social, como la que ha emprendido la administración municipal con respecto a la reposición de redes de acueducto y alcantarillado, debemos estar preparados para las incomodidades; esto sucede en todas partes. El problema es cuando las obras comienzan y no se les ve pronta finalización. Es cuando la gente se desespera y comienza a inquietarse. Si en algo debe tener tino una buena administración local es procurarles el menor número de incomodidades a los habitantes y ciudadanos, ya que la razón de ser de las administraciones es garantizar el bienestar a los gobernados.

              Algunos con acierto han señalado que Popayán se ha convertido en un laberinto. Calles y avenidas evidencian un degenero. Una mezcla de cráteres, huecos, agua y barro. Los vehículos se están convirtiendo en chatarra y la exposición de la ciudadanía en accidentes cada vez es más preocupante.

               Que noche perdimos los $27.000 que habíamos acabado de cancelar por la lavada completa de nuestro automóvil, cuando transitamos por la “Vía Lácteos” a orientar una cátedra universitaria en el sector de Pisojé. Una odisea. La rabia produce ganas de lanzar madrazos. Al otro día el carro parecía un vómito. En horas de la noche no hay nadie que ayude al tráfico vehicular en la citada vía tan concurrida. Cada quien debe asumir sus propios riesgos y esto deben tenerlo en cuenta tanto del gobierno municipal como los contratistas. Si no hay maneras de garantizar un tránsito seguro, entonces, deben buscar o acomodar otras alternativas.

                Por Facebook, hace unos días nos envió un mensaje una abogada, ex alumna nuestra que desde hacía varios años no había regresado a Popayán. Admitía que al ver el aspecto de la ciudad le dieron ganas de ponerse a llorar.

                Sin duda, la inconformidad ciudadana, llevó a la administración municipal no autorizar a los contratistas proseguir abriendo frentes de trabajo. Importante medida pero tardía. No hay sector de Popayán, en donde no se estén abriendo huecos por todas partes. La falta de planeación es evidente.

                Quienes hemos estudiado un poco el desarrollo urbano hemos coincidido en afirmar que para implementar las obras de reposición de redes de acueducto y alcantarilladlo era innecesario desbaratar toda la ciudad al mismo tiempo. Se trataba de hacerlo por sectores o por tramos. O al menos no conocemos alguna explicación por qué se hizo como se hizo.

                 Pensamos en la situación de aquellas personas que viven de sus negocios, pagan impuestos y son generadoras de trabajo. La gente se queja también, de los costos de los daños de los vehículos. No hay presupuesto que alcance en una ciudad con poco acceso al trabajo.

                 Todos queremos ver obras que produzcan desarrollo para la ciudad. Ni más faltaba. Obras hechas durante tiempos prudenciales y de buena calidad. Que no impliquen desbaratar nada por la falta de calidad. La planeación es necesaria. Y como no ha existido es prudente asumir correctivos.

                 La administración municipal no debe ahorrar esfuerzos por mantener y mostrar una ciudad decente. Como se acerca la temporada decembrina, de final y comienzo de año, en lo posible la Alcaldía debe procurar cambiarle la cara a la ciudad; en esta temporada es cuando las ciudades más se iluminan y se lucen.

                  Estamos seguros de que la administración municipal está interesada en resolver la problemática. Es posible que cuando se vean las obras concluidas y se sienta el impacto favorable para la ciudad, podamos entender muchas cosas que hoy nos incomodan y nos producen rabia y desazón. Pero mientras tanto, reiteramos, hay que asumir los mejores correctivos. Hay obras que por su importancia e impacto social se hacen inevitables, así produzcan costos en la popularidad en quienes las emprenden y realizan.

                  La Secretaría de Infraestructura debe adoptar con urgencia proyectos o planes que signifiquen el reparcheo de las vías y avenidas. La imagen de una ciudad bombardeada debe desaparecer. Ojalá un día de estos nos convoque la Alcaldía a un “día sin huecos”.

                 Cuando hay planeación la improvisación escasea. Los gobiernos locales deben ser muy conscientes de esto. Porque no hacerlo, deslegitima las administraciones. El respeto que merecen las comunidades debe derivar de una buena planeación.

                  Coletilla: Por lo que venimos observando, pensamos que el nuevo Ministro del Interior, Aurelio Iragorri Valencia comenzó bien. Hay liderazgo, es propositivo, argumentativo y diligente. Aquello del “pacto del chirrincho”, no tiene ninguna importancia, hace parte de discusiones bizantinas a que se dedican sus críticos.

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