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POPAYÁN RINDIÓ ÚLTIMO HOMENAJE A GLORIA CEPEDA

El domingo 3 septiembre, 2017 a las 1:51 pm

Hilda Pardo y Lucy Amparo Bastidas en la Casa Caldas

El viernes 31 de agosto, al cumplirse tres meses del deceso de la poeta máxima viva que tenía Colombia, la Tertulia María Cano de Popayán fundada por ella, le rindió un último Homenaje. Cinco decenas de amigos y amigas asistieron a la programación en la señorial Casa Caldas.

Se trataba de pronunciar su nombre en voz un poco alto. Porque Gloria Cepeda fue una mujer reservada, que abría su boca y escribía fuerte solamente para hacer Poesía. Fue una mujer que a sus 90 años masticaba duro las injusticias del país y las fustigaba en trenos de dolor en sus versos. Se trataba de agradecerle su labor ingente por abrirle la mente a quienes la escuchaban en sus frecuentes recitales a lo largo de los años y en las aulas universitarias.

Gloria Cepeda murió desapercibida, callada como siempre lo fue. Gozó de la amistad de un gran círculo selecto que la valoraba pero su estro, su numen, su fabulosa memoria murió casi virgen. Tenía un portentosa capacidad para memorizar textos, poemas y sorprendía en cada reunión o tertulia recitando poemas y citas de autores vernáculos y extranjeros. Tenía lista en sus labios a los españoles Teresa de Ahumada, Federico, Machado, Hernández, al bardo peruano César Vallejo su par en ver llover balas en Colombia o a Arciniegas o Kavafis o Szimborska.

Colombia no la valoró lo suficiente. Ella no tuvo tiempo de ir a las aulas ni quien la impulsara en su escondida senda de la juventud. Las palabras bullían en su mente como en un crisol en donde se funden oro y plata. Sus sonetos dedicados al Quixote y a su alabardero Sancho son joyas que no han sido aún expuestas a la criba. O sus poemas de amor de los primeros años que dejó oír en sus últimos recitales a sus seguidoras y amigos.

Su Poesía parece haber sido dictada por un ángel o un demonio que habitara en ella. Tenía una precisión, una exquisita forma, tal profundidad, sin llegar a encriptar sin necesidad la esencia o el entendimiento a quienes se aproximaran a sus letras.

Ella sabía muy bien quién era. Y se define orgullosa en su poema Mi nombre: «Es aburrido andar siempre de blanco/un solo movimiento para caer de pie/una sola palabra que resume mi indomable deseo de nacer cada día/mientras el simún rompe las puertas del desierto/y me quedo mirando/las maravillas que me pertenecen».

Sí, Gloria Cepeda jamás envejeció. Fue una niña que se meció en la cuna donde nació también la Poesía. Nunca se le oyó quejarse de su suerte. Parecía una niña feliz y a todos sonreía. Era una mujer de otro mundo y por eso decidió el momento y la hora de irse tan callada como llegó a esta tierra de abrojos y riquezas malgastadas. Murió embromada como llamaba a las dolencias que últimamente la aquejaban.

Quienes asistieron al homenaje que la nueva Tertulia Gloria Cepeda Vargas viró su nombre, no querían levantarse de su puesto. Querían seguir oyéndola y que su voz de hierro y estopa siguiera sonando en Popayán y en Colombia.

9:17 a.m.

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