Domingo, 8 de diciembre de 2019. Última actualización: Hoy

POPAYÁN – HOMBRE Y CULTURA

El domingo 1 diciembre, 2019 a las 5:35 pm
POPAYÁN - HOMBRE Y CULTURA
Felipe García Quintero y Guillermo Alberto González Mosquera

POPAYÁN – HOMBRE Y CULTURA

POPAYÁN - HOMBRE Y CULTURA

   Cuando escribo esta nota, han transcurrido ocho días del final de “Popayán, ciudad libro”. La distancia temporal es buena consejera para intentar un balance personal. En mi caso, ese balance lo veo representado en dos símbolos –quizá nuestros maestros pintores lo representarían bellamente en vívidos rasgos–: Felipe García Quintero y Guillermo Alberto González Mosquera. El primero, porque fue carne, hueso y espíritu de ese festival de la cultura. Y el segundo por lo que ha representado él para la cultura de Popayán y Cauca, de eso los lectores recuerdan cómo se ocupó, como gobernador, de artistas y escritores durante la celebración del Bicentenario de la Independencia.  

   Si se piensa en “Popayán, ciudad libro” como un edificio, Felipe García viene a representar las vigas y columnas que sostuvieron a miles de asistentes e invitados estimulados por la programación del evento. Y allí están los de logística, que respondieron por todo el decorado del edificio. Antes de que “Popayán, ciudad libro” fuera realidad, Felipe había visitado y participado, como escritor y gestor de cultura, en ferias de libros de Colombia, América y Europa. Esas librescas vivencias le aportaron los aprendizajes necesarios para sugerirles al rector y vicerrectoría de cultura de la Universidad del Cauca, que Popayán bien merecía realizar festivales de esa envergadura, donde el libro es protagonista. Ya son dos los eventos, con positivo balance.

   A la pregunta de ¿quién gana? Gana Popayán, la ciudad que había empezado a ver con nostalgia su antiguo emblema de ser epicentro de la cultura nacional. Con “Popayán, ciudad libro” el mito vuelve a ser realidad. O sea, que solo cuando se asume semejante decisión cultural se puede estar en el centro y nunca en la periferia. Y entonces, la Cultura nos devuelve el territorio que decidimos habitar. Y habitar un lugar significa que no se puede ser indiferente ante lo que aquí y ahora ocurre.

   El otro símbolo, Guillermo Alberto González Mosquera. Si, al modo como los psicólogos piden que se represente en un dibujo algún escenario significativo de nuestras vidas, yo dibujaría, para significar la Cultura, a Guillermo Alberto ocupando una silla de la primera fila del auditorio, de la mano del ángel (enfermera) que le acompañaba. Sin una queja, este hombre escuchó a los dialogantes de esa mañana. Al final compró un libro y lo hizo firmar del autor.

   Fue esa imagen, a mi modo de leer, la mejor lección de esta segunda edición de “Popayán, ciudad libro”. Este humanísimo episodio me induce a pensar que la única religión, laica ésta, capaz de unir a todos los seres humanos en una sola iglesia es la Cultura. Lo demás, bien podría inventariarse en la espléndida línea del Eclesiastés, el libro más bello y profundo de los dos Testamentos, cuando razona: “Todo es vanidad y apacentar de vientos”.

   Habrá otras miradas, sin duda, pero este es mi balance a ocho días del fin de la segunda edición de “Popayán, ciudad libro”.

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