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Popayán, de malas.

El viernes 11 julio, 2014 a las 7:45 pm
Diogenes Diaz Carabalí

Por: Diógenes Díaz Carabalí

Muy de malas ha sido la ciudad con la elección de sus alcaldes. De eso llevamos varios años. Presumo que el último alcalde elegido, a la altura de Popayán, que dejó ver obras, que comportó una administración seria, amplia, participativa, positiva fue José Gabriel Silva, y de eso vamos a cumplir 20 años.

De allí para acá, muertos o vivos, los alcaldes han sido unos improvisadores, sino unos incapaces, sus gobiernos no han impactado problemáticas de la ciudad que afectan a sus ciudadanos y deterioran su calidad de vida. Parece que cada uno dejó un recuerdo ingrato, por ejemplo el “finadito” Fabían Orozco, una deuda por incumplimiento de contrato con los Hermanos Solarte que hoy se hace impagable.

Su sucesor, de apellido Duque, lo único memorable de su administración fue la Fundación Emtel, un embeleco que nadie sabe para qué sirve ni cómo se financia. Y a Víctor Ramírez se le perdió la Carta Ciudadana, para gobernar con un séquito de amigos.

Popayan

Después vinieron los gobiernos conservadores que no saben para qué es el gobierno. Pésima la administración del médico Ramiro Navia. Ni una sola obra por mostrar. Ni una acción de gobierno de trascendencia. Contaba con una alta nómina paralela sin duda para satisfacer a su jefe político, y lo memorable está en que a todas las pequeñas obras, que no representaron impacto, las bautizó con el mote de Carlos Albán, un fulano que tampoco los payaneses, ni los caucanos, saben quién fue ni cuáles fueron sus ejecutorias para merecer las placas anónimas que campean por plazas y edificios de la ciudad.

Y este alcalde, el de ahora, ni una solución clara, ni una acción de gobierno benéfica. Claro, pavimentó en tiempo record su calle. La ciudad parece ubicada en suelo lunar; calle que se respete se encuentra repleta de huecos. La famosa Movilidad Futura la verán los nietos de mis nietos. Cuenta con un pésimo equipo de gobierno, que se refleja en las pobres ejecutorias. Esta ciudad está sumergida en la drogadicción, hay expendios clandestinos por toda la ciudad. La prostitución callejera se encuentra a la orden del día, “pichaderos de moscas” hay por todas partes. El tránsito es una anarquía. El Centro, La Esmeralda y el barrio Bolívar están invadidos de vendedores ambulantes.

La cultura ciudadana es un desastre, los conductores se parquean donde quieran, los motociclistas rebasan por donde les antoja, las busetas de servicio público, además de destartaladas, no tiene paradero o por lo menos no los respetan. Se ha vuelto imposible detenerse en un semáforo por la cantidad de limosneros, malabaristas, chucheristas. Los alcohólicos y los drogadictos se han apoderado de los parques. Hay sureños, ecuatorianos, peruanos, paisas o quienes fungen de serlo diseminados por las calles, ocupando los andenes en busca de la caridad pública. Las vías rurales son un desastre. Los ciudadanos se apropian de las vías públicas, encierran las calles, hasta COMFACAUCA da mal ejemplo apropiándose de una de ellas para convertirla en parqueadero, y unos particulares cobran por su uso. ¿Habrá ido el alcalde o sus funcionarios por allí? ¡No parece!

Mejor dicho: ¡Popayán es un desastre! Éste gobierno, como los de los últimos 20 años sufren de miopía, no ven los problemas de una ciudad que sucumbe, que acaba con las zonas verdes, con los parques de recreación, con los humedales, con sus fuentes, con sus recursos de bosques, con la convivencia ciudadana. Y eso que apenas menciono la locura hecha con el parque Palmolive. ¡Qué desgracia!

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