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Sábado, 19 de octubre de 2019. Última actualización: Hoy

POPAYÁN, CAPITAL MUNDIAL DE LA POESÍA

El martes 18 junio, 2019 a las 8:30 am

POPAYÁN, CAPITAL MUNDIAL DE LA POESÍA

(Memorias)

POPAYÁN, CAPITAL MUNDIAL DE LA POESÍA
Por Julio César Espinosa*

“No es sano estar completamente adaptado a un mundo enfermo” (Dalai Lama).

Bellamente editados, “Claves del silencio” y “De soles y de hielos” son dos libros** cuyo autor es Antonio Bolívar Cardona, un vallecaucano que atracó su barco cargado de poemas en el evento “Popayán, capital mundial de la poesía” (2.016).

El epígrafe que encabeza esta breve nota es el soporte que encuentro para entender el desajuste entre el corazón del poeta y el mundo circundante. Porque en verdad los versos aquí se constituyen en la versión estética de la cuita interior.

También surgen como un consuelo las imágenes, las creaciones del demiurgo, las metáforas destiladas hasta lo más simple, bellamente asidas a la aurora de la sensibilidad del poeta.

Se percibe lo nuevo, “el oro y la luz” que “habitan los granos de la espiga”. Y eso ya es un escudo para soportar el desorden con que aúlla el mundo en su anarquía y sus habituales sinfonías de horror.

El autor se refugia cada tanto en las claras formas de la naturaleza – los peces, los ríos, el verano—para abandonar momentáneamente la arcilla humana y su costra de dolor: “Tengo mucho de árbol y de la humedad propia de los ríos”.

La persuasión del verso en Bolívar Cardona es la fuerza de la gota sobre la dura roca de la injusticia, la inequidad y la opresión. Quisiera el bardo prohijar la vida contemplativa, lejos “del mundanal ruido”, pero lacerada la vista por la dolencia del mundo, acaba por arar el surco del poema con palabras suaves que deploran la miseria del obrero –el cortero de caña—y la ausencia de paz hogareña en el hombre que de alguna manera padece inseguridad.

Si bien muchos bardos trabajan, burilan la palabra con imprecaciones, maldiciones y anatemas, Bolívar Cardona enruta su desencanto por otras vías que se acercan a la denuncia social sin caer en la vulgaridad del cartel. Aquí cabe pues, hablar de la ilocución del discurso, el propósito secreto que anima la construcción verbal. La sugestión de un alma de talante conciliador parece moldear las lecciones con que se fustiga a los poderes secretos creadores del desbarajuste y la opresión. Para ello Bolívar Cardona se vale de contrastes, de paradojas, de ironías y de contrasentidos que animan a tomar conciencia de las realidades absurdas, como la del cortero que con su labor ayuda en la producción del “azúcar refinada”, mientras en su hogar lo espera quizá nada más que “una tibia botella/ de agua de panela”.

De modo que en estos libros somos invitados a asistir a una danza que a ratos se erige en secreta armonía con la naturaleza, y otras veces en la conocida deploración del poeta por la anarquía y la inequidad del mundo.

No obstante, se precisa señalar que no es una deploración que suscite lástimas y conmiseraciones, al estilo de una vieja poesía sentimental y anacrónica.

Deplorar sí, como un lamento viril, como un regaño a la sensibilidad para que el mal descubierto en el verso se avergüence y ser marchite.

Se descubre de este modo una dicotomía en los propósitos de la obra: una encrucijada entre la paz de la naturaleza y el bullicio del mundo con sus sangrientos problemas. No obstante, el bardo tiene una solución para disolver la disyuntiva: el silencio, el silencio como marco en el que ocurre la reflexión. Es la respuesta del poeta frente al universo natural y social. Una actitud introspectiva se erige en expediente para no caer en el abismo de la locura. Y ya sabemos que la reflexión, hija unigénita del mundo interior, conduce a la sabiduría, ese saber que tiene mucho parentesco con el estoicismo.

*Miembro de la Asociación Caucana de Escritores. A.C.E.
**Bolívar Cardona, Antonio: CLAVES DEL SILENCIO

Apidama Ediciones, Bogotá, 2009

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