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POPAYÁN 70 AÑOS DE ATRASO EN DESARROLLO URBANO

El martes 23 junio, 2020 a las 2:06 pm
POPAYÁN 70 AÑOS DE ATRASO EN DESARROLLO URBANO
Imagen de referencia tomada de https://bit.ly/3dtWiZ6

POPAYÁN 70 AÑOS DE ATRASO EN DESARROLLO URBANO

POPAYÁN 70 AÑOS DE ATRASO EN DESARROLLO URBANO

Popayán, según el DANE, ocupa en el contexto nacional lugares vergonzosos en los indicadores de desarrollo socioeconómico y de desempleo, incluso comparados con ciudades como Neiva, Pasto, Palmira, Armenia y Montería, estamos por debajo de sus niveles de crecimiento y ocupamos los últimos lugares en infraestructura urbana, lo que se impactará negativamente en los próximo diez años por cuenta de la recesión por causa de la pandemia del covid-19.

Las deficiencias en autonomía fiscal y el déficit fiscal que afronta el municipio, contrastan negativamente con la disponibilidad de ingresos corrientes, provenientes de rentas propias y capacidad tributaria con una fuerte dependencia de los recursos del sistema general de participaciones y el fondo nacional de regalías.

Popayán para la vigencia fiscal del 2020, ejecuta un presupuesto Inicial de 453 mil millones de pesos, mientras ciudades como Neiva tiene un presupuesto de 558 mil millones, Pasto con 815 mil millones, Palmira con 1.200 millones, Cúcuta con 1.96 billones y Montería con 840 mil millones. Todas estas ciudades intermedias, tiene similares problemas que Popayán, pero con más recursos para plantear soluciones reales.

Popayán maneja índices muy alto en desempleo y pobreza, con el 24.58 % de necesidades básicas insatisfechas, con una arraigada inequidad en la distribución de recursos que conlleva a la concentración urbana en poblaciones con mejores posibilidades de desarrollo económico como Cali, con un presupuesto anual de 3.6 billones y Medellín con 5.4 billones de pesos; ciudades colombianas, frente a las cuales, según el Departamento de Desarrollo Sostenible del Banco Mundial, Popayán tiene más de 70 años de atraso respecto a la implementación de infraestructura urbana, y más de 150 años comparadas con ciudades como Londres, Santiago de Chile, Seúl y Tokio.

Después del terremoto de 1983, el despliegue caótico de los asentamientos urbanos y la falta de planeación para afrontar la migración poblacional, cambiaron la fisonomía de la ciudad, la que dejó de ser una urbe colonial y parroquial, con recia personalidad, para forjarse como una urbe anodina, el crecimiento dejó de estar al servicio de la ciudad y la ciudad se puso al servicio del crecimiento. Dicho de manera clara, el desarrollo urbano se volvió el negocio de unos cuantos particulares.

La grave situación fiscal de la ciudad y la carencia absoluta de proyectos a largo plazo, obligará a la actual administración a gobernar superando las crisis de la cotidianidad y el cortoplacismo, sin nuevos proyectos en desarrollo urbano, sin planes financieros ni operativos anuales de inversiones, y mirando por el retrovisor, perfilando tácticas improvisadas para apagar incendios y mitigar críticas, pero sin dar solución definitiva a los graves problemas de ciudad.

Un plan de desarrollo ajustado a la realidad del impacto de la pandemia, será sin dudad, la brújula que oriente la economía, adecuando nuestra realidad fiscal, económica y social, así como a las necesidades comunitarias a un plan armonizado con una ordenación del territorio que responda a las necesidades de futuro, tanto de las actividades económicas como a las de la propia sociedad en su conjunto, en el marco de una economía de emergencia por el impacto de la crisis actual.

Los efectos reales de lo que pasará con la economía durante esta pandemia, se empezarán conocer en julio y agosto cuando el DANE

revele las cifras oficiales. Lo más probable es que tengamos escenarios de rebrotes y nuevas cuarentenas por lo que nuestro municipio agudizará la crisis del déficit fiscal, cuya recesión económica multiplicarían la liquidación y cierre de empresas lo que nos llevaría a una recesión brutal y prolongada. Este escenario tiende a colapsar por la cesación de recaudos tributarios y el cierre de sectores como la educación, servicios hoteleros, restaurantes, turismo y centros de recreación, deportivos y culturales, con una probabilidad del 60% de impacto negativo por lo cual nos debemos prepararnos desde ya para afrontarlo y no agudizar las condiciones de pobreza que afectan a nuestra entidad territorial.

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