Lunes, 9 de diciembre de 2019. Última actualización: Hoy

Política y educación

El viernes 5 julio, 2019 a las 9:31 am

Política y educación

En verdad que estoy sumido y convencido, como Feuerbach, de que “las ciudades son cárceles para el espíritu especulativo”, me viene a la memoria la tierra de mis padres, un pedazo del Cauca donde se puede vivir en plácida compañía de amigos y conocidos. En este lugar macondiano, chicos y grandes se saludaban con respeto y todos éramos amigos y nos dolía el dolor del otro. Empero, no en vano hoy se interponen en nuestro camino el tiempo y la distancia, la tecnología y los problemas políticos y étnicos. Estamos olvidando nuestro origen. Desconociendo los verdaderos procesos políticos y educativos.

Vivo en una ciudad cosmopolita que por momentos quiere ser una cárcel. Espiritual y materialmente estoy ya a kilómetros de distancia de esas tierras maravillosas, pero sigo alentado por el fervor de una región renovadora y porvenirista; además, sueño con ver llegar líderes con un discurso diferente al transvaluador de los valores; asimismo, espero que las épocas políticas que se avecinan por fin hagan la diferencia entre el espectáculo de la crítica dinámica y brillante y la terrosidad del pueblo mestizo y la miseria de la campaña donde los negros, indios y campesinos se odien, para de este modo todos, lejos o cerca podamos vivir sin la resignación de un anónimo destino o víctimas de su étnica desventura o señalados, fruto de la gracia o el pecado.

Volvamos lo antes posible al pueblo que me vio nacer, antes no se saboreaba “El origen de la tragedia”, de Nietzsche y no se andaba seriamente preocupado en elucidar el problema de lo “apolíneo y dionisiaco”, hoy, en las huestes indígenas, campesinas y afros se puede escuchar un discurso belicoso quizás desconociendo el verdadero problema.

Es por ello que incito a estos tres grupos humanos a no seguir los pasos de una educación pensaba en la urgencia, nacida en la trascendencia o alucinada por algunos que solo vienen y que solo siguen hoy contemplando la mugre, la ignorancia y el desamparo. Frente a ese tipo de educación no puedo menos que seguir en desacuerdo con la aplicabilidad de los fines de la educación en los municipios de Inzá y Páez.

En este año 2019 he vuelto a pensar que el paisaje humano de la ciudad y del pueblo son muy distintos. Prescindiendo, empero, de algo o mucho del esteticismo nietzscheano que acaso se transparentare en este texto, mis observaciones básicas y el filisteísmo del ambiente quedan, irrebatibles, en pie, y aquí combato, precisamente, al profesionalismo parásito que sale de nuestras universidades, y como es sabido, público y notorio, es el explotador del indio y un elemento funesto para el Estado y la sociedad.

Además, la experiencia nos enseña inversamente a lo que pensábamos de niños, declaro con toda honradez, que reclamo por la formación de una generación realmente culta, técnicamente capacitada para asumir el rol transformador que le corresponde y que toda sociedad civilizada requiere, y que, desinteresadamente culturizada, encause la energía social y tenga la fuerza serena y el valor austero de afrontar a fondo los grandes problemas nacionales, como el problema de la tierra y el problema minero, el latifundio y el monopolio, la corrupción en todos los niveles, la violencia y el individualismo.

En el colegio y de la universidad, es donde se recibe una cultura superior. Esa es mi idea. Por ello incito a nuestros colegios y universidades a producir hombres cultos, no parásitos, como hasta ahora. A directivos docentes tener la voluntad de gestionar, de liderar y no de dividir. A docentes para que se involucren en los procesos y no sigan siendo los que todo impiden y destruyen.

La educación y la política en el Cauca y Colombia, ya debe empezar a construir experiencias ensoñadoras y no modelos de opresión y exclusión.

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