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Martes, 9 de marzo de 2021. Última actualización: Hoy

¡Pero qué está pasando en Colombia, por Dios!

El martes 1 septiembre, 2020 a las 6:14 pm
¡Pero qué está pasando en Colombia, por Dios!

¡Pero qué está pasando en Colombia, por Dios!

¡Pero qué está pasando en Colombia, por Dios!

Mientras en las regiones distantes de la Casa de Nariño se dedicaron a masacrar jóvenes, líderes sociales, excombatientes que se acogieron a los acuerdos de paz de La Habana y al genocidio de comunidades étnicas, en acelerada competencia terrorista, se evidencia una palmaria exhibición de la incapacidad del Gobierno para ejercer control territorial y hacer presencia institucional.

Un indiscutible fracaso de la política de seguridad.

El gobierno que preside Duque no parece nacional, sino circunscrito a un cerrado círculo de amigos de universidad, familiares y comerciantes de la política y de la administración pública.

Mientras tanto, la solución de los problemas sociales quedó en manos de la fuerza pública, también afectada por la corrupción e incompetencia institucional, reforzada ilegalmente con paramilitares y tropas enviadas por los Estados Unidos.

Mientras el gobierno nacional, desde la Casa de Nariño, se dedica a la ilegal defensa del expresidente Álvaro Uribe, cobijado con medida de aseguramiento domiciliaria en su finca El Ubérrimo, en Córdoba, quien pasará a ser juzgado por sus amigos; mientras se propone frenar el proceso de deportación del exjefe paramilitar Salvatore Mancuso a Colombia, a tratar de eliminar la memoria histórica, entorpecer la justicia especial de paz, a nombrar en los cargos de control y fiscalización personajes que garanticen su manipulación y la ruptura de la independencia y autonomía de los poderes públicos, mientras tanto, decía, en las regiones apartadas de Bogotá la gente tiene que hacerse matar para sobrevivir en medio de la desalmada industria legal e ilegal extractivista de oro y otros minerales, en simultánea con la destrucción ambiental, y en medio del negocio del narcotráfico que no está precisamente en manos de cultivadores de coca y marihuana sino en otros eslabones especializados de la cadena, como los que reciben las multimillonarias ganancias de la comercialización de narcóticos en Estados Unidos, Asia y Europa, y que no son los indígenas ni los integrantes de comunidades negras del Cauca, aunque sí son los que injustamente ponen las víctimas en esta absurda situación que solo favorece a narcotraficantes.

Es que el gobierno no aceptó la sustitución voluntaria de cultivos ilícitos, que sería la erradicación real, ni la reorganización social y económica del Cauca con base en el Acuerdo Final de Paz, porque parece más rentable patrocinar con su actitud ésa guerra, que también impone criterios políticos, y gastar los recursos públicos en lo que le ordene Monsanto (Bayer), el productor gringo de glifosato, a pesar de la sentencia T-236 de 2017, que otorga protocolos de prohibición de su uso debido a que el herbicida ha sido clasificado como un producto carcinogénico, si se utiliza en aspersión aérea. Eso no le importa a Duque, el todo es aparentar que “persigue” el narcotráfico. La guerra que padecemos es la disculpa para desviar la atención de la verdadera repartición que se hace de los fabulosos ingresos ilegales de dólares, asunto que nunca se realiza en el Cauca. A propósito, ¿cuánto hace que el gobierno nacional no detecta o identifica siquiera uno de los grandes capos del narcotráfico y lo persigue como cuando Pablo Escobar, o los del Cartel del Valle? ¿Se volvieron ciegos, sordos, mudos…? ¿Se acabó el narcotráfico? ¡Al fin qué!

El gobierno nacional, desde la Casa de Nariño, se dedica a invertir irregularmente los dineros públicos, cuando saca, como si fuera un pésimo banco, 370 millones de dólares (casi un billón 480 mil millones de pesos) del Fondo de Mitigación de Emergencias (FOME), que maneja los recursos para enfrentar la pandemia, y los “presta” dizque para apoyar la reestructuración de una empresa extranjera, Avianca Holdings, mientras las familias de mucho más de 620.000 enfermos y de unos 25.000 muertos que ha dejado la pandemia en este país, se convierten apenas en inexorables estadísticas, en cifras, mientras se debaten, sin miramiento oficial, en medio de la más dramática situación social.

Es tan preocupante y desmoralizador lo que ocurre en Colombia bajo este gobierno dedicado a asuntos diferentes a las necesidades públicas, que mientras se registran las consecuencias de la expansión del virus y el confinamiento, lo que significa disminución del consumo, aumento del desempleo, de la pobreza y la desigualdad, no acepta atender a la población más vulnerable con una renta básica de emergencia, temporal, cuando más se requiere que las acciones gubernamentales además de eficientes, sean solidarias y de empatía con el sufrimiento de los otros, pero «no tiene dinero» para eso.

Cuando la gente esperaba un Estado más humano, una economía orientada al bienestar general, no al de «salvar» empresas extrajeras sin ninguna vinculación social, reacciona dejando efectos devastadores. Por eso es que se viene deteriorando la estructura fundamental de nuestra sociedad y economía, que se refleja en la pérdida de confianza en las instituciones democráticas.

Otro ejemplo de la compleja situación que maquina en este país el mandato de Duque es hacerse el de la vista gorda con la protección y desarrollo de la producción de panela por parte de unas 350.000 familias paneleras artesanales que generan 1.700.000 empleos directos, cuando uno de los accionistas del ingenio Riopaila Castilla busca patentar una fórmula que le garantizaría el monopolio de la producción y comercialización de este histórico producto campesino.

En adelante, los paneleros tendrían que pagarle derechos para poder seguir elaborando el producto que han hecho durante toda su vida, rompiendo toda una tradición cultural y gastronómica de Colombia para el Mundo. Sería otra muestra de la conversión de patrimonios colectivos en fuentes de ingresos particulares, a lo cual es bastante aficionado este gobierno. Lo acabamos de ver con Avianca Holdings otra vez.

Con la patente, el ingenio citado pondría en jaque a esas familias de todo el país, que cultivan 240 mil hectáreas de caña panelera, distribuidas en 511 municipios de 29 departamentos. Presionados entonces, tendrían que ponerse a producir otro tipo de cultivo más rentable… ¿se imaginan hacia cuál los empujaría el gobierno con su aparente «descuido»?

Por simple rigor lógico se deduce que cuando un gobierno toma decisiones a partir de premisas falsas, equivocadas, o engañosas, con el fin de lograr desenlaces diferentes a los que divulga como un bien público, los resultados necesariamente implican daños mayores para el conjunto social, y desencadena reacciones peligrosas.

Lo más grave, para terminar, es que los convencidos, los ciudadanos comprometidos con la causa social, resisten; pero los débiles de espíritu, irresponsables, insolidarios con la humanidad, pasan cómodamente al sometimiento consentido y se autocalifican de leales al régimen que precisamente los domestica, porque ignoran que el poder no se comparte con quien no tenga “clase”.

Al final de estas reflexiones me pregunto entonces: ¿Pero qué está pasando en Colombia, por Dios?

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2 comentarios en "¡Pero qué está pasando en Colombia, por Dios!"

  1. Anderson dice:

    Sencillo estamos en un país y en un tiempo donde los más vulnerables síguelo siendo eso vulnerables,un gobierno que favorece al que más tiene.faborece corruptos que desngra al pais.un presidente que solo cumple los caprichos de otro exmandatario para su bien común y se jacta diciendo que trabaja para disminuir lanobresa y la corrupción.,cómo dueles mi patria hermosa

  2. Elsa Nidia Rodriguez Vaca dice:

    Excelente reflexión. Este gobierno UriDuque nos devolvió 18 años. Con dos años de gobierno y todavia buscan culpables, como si en campaña no prometieran lo que están lejos de cumplir. La pandemia hizo que les explotara la pobreza de millones de colombianos, la corrupción en su esplendor, la ineficiencia del sistema de salud, la desigualdad y el desprecio por la clase trabajadora, la inseguridad y amenazas a los opositores del Establecimiento

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