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PEPE

El viernes 4 octubre, 2013 a las 6:05 pm
Gloria Cepeda Vargas

Gloria Cepeda Vargas

José Alberto Mujica Cordano, ex líder tupamaro y actual presidente de la República Oriental del Uruguay, dirigente del Movimiento de Participación Popular, sector mayoritario del partido de izquierda Frente Amplio, pronunció el 26 de septiembre del 2013 en la Asamblea General de las Naciones Unidas, una exposición discursiva que pasará con honores a la historia de estos pueblos siempre a la saga de la equidad social y el bienestar colectivo.

Por razones de espacio, intentaré citar solo el meollo de sus diferentes parágrafos entresacando algunas frases que deberían ser leídas con apasionada atención por quienes se declaran demócratas y echan al viento su aparente preocupación por el futuro de las patrias de América:

“Amigos: vengo del sur. Mi país es una plenillanura suave y templada. Tuvo décadas púrpuras hasta que por fin, aprendiendo de nuestro dolor, al arrancar el siglo XX, se puso a ser vanguardia de lo social en el Estado, en la enseñanza. Diría que la social-democracia se inventó en el Uruguay. Me angustia y de qué manera, el porvenir que no veré y por el que me comprometo. Es posible un mundo con una humanidad mejor pero todavía hoy la tarea es cuidar la vida. Cargo con las culturas originales aplastadas con los restos del colonialismo en Malvinas, con bloqueos inútiles a ese caimán bajo el sol del Caribe que se llama Cuba. Cargo con las consecuencias de la vigilancia electrónica que no hace otra cosa que sembrar desconfianza. Cargo con el deber de luchar por la patria de todos y cargo con el deber de luchar por la tolerancia que se precisa para aquellos que son distintos. No se precisa la tolerancia para los que estamos de acuerdo. Parecería que hemos nacido solo para consumir y consumir y cuando no podemos, cargamos con la frustración, la pobreza y hasta la exclusión. Si esperáramos en esta humanidad a consumir como un americano medio promedio, serían imprescindibles tres planetas para poder vivir. Tal vez nuestro mundo necesita menos organismos mundiales, esos que organizan foros y conferencias que no sirven más que a las cadenas hoteleras y a las líneas aéreas. Necesitamos la alta política entrelazada con la sabiduría científica, allí está la fuente. Lo peor: La civilización contra la libertad. Enfrentamos el sedentarismo con caminadores, el insomnio con pastillas, la soledad con electrónicos porque somos felices alejados del entorno humano. La política quedó limitada a la economía y al mercado. Hay marketing para los cementerios, los servicios fúnebres, las maternidades. Todo es negocio. El markenting cae sobre los niños y su psicología. Hoy es tiempo de empezar a tallar un mundo sin fronteras. La economía globalizada no tiene más conducción que el interés privado de unos pocos. Continuarán las guerras y por tanto los fantasmas del fanatismo hasta que la misma naturaleza nos llame al orden y haga inviables nuestras civilizaciones. El hombre es la única criatura capaz de ir contra su propia especie. Nuestra época es portentosamente revolucionaria pero no tiene conducción consciente o menos, conducción simplemente instintiva. No fueron las repúblicas creadas para vegetar encima de la grey sino por el contrario. Oigan bien: en cada minuto del mundo se gastan dos millones de dólares en presupuestos militares. La investigación médica cubre la quinta parte de la investigación militar. El poder no cambia a las personas, solo revela lo que realmente son. Necesitamos gobernarnos a nosotros mismos o sucumbiremos. La vida es un milagro, estamos vivos de milagro y nada vale más que la vida.”

Lamentablemente solo puedo transcribir muy poco de esta pieza ejemplar. Es la esencia renovada de un antiguo guerrillero tostado entre las llanuras de la pampa y los devoradores accidentes geográficos “del Brasil deslumbrador”. El corazón en orden de un hombre bonachón, recio y clarividente, urbano y campesino que intenta señalar a un mundo ciego lo cruento de las heridas del hombre, la mujer y el niño crecidos como flores silvestres en las desolaciones de un continente desequilibrado.

Es José Mujica en acción, el viejo Pepe que hizo palacio presidencial de una chacra suburbana y son sus palabras nuevas en estos foros internacionales que –con honrosas excepciones- no llegan a ninguna parte: “La nuestra es una civilización contra la sencillez, contra la sobriedad, contra todos los ciclos naturales –dice- Hay que convocar la inteligencia al comando de la nave arriba de la tierra”.

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