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El lunes 12 diciembre, 2011 a las 7:59 pm
PENSAR: OFICIO MÁXIMO DEL SER HUMANO

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano

Los árboles, las malas acciones, la tierra dan sus frutos. La manzana, el odio, el paisaje son productos que salen del corazón de las cosas. La semilla tarda en germinar, crecer y en dar a luz la fruta, la guerra con facilidad cosecha la muerte y la tierra amanece con el alba por espejo. Esos son oficios que el hombre se acostumbró a vivir desde que tiene memoria.

El oficio del hombre es pensar. El homínido aprendió rápidamente a llorar, a reír, a comer con ambas manos, a buscar cobijo para defenderse del frío y a cazar con piedras y punzones. Luego ideó la rueda y echó a volar sus ilusiones. No patentó su invento y siguió su carrera de dialogar con las dificultades.

Aprendió a modular sonidos, se irguió elegante sobre sus dos miembros inferiores y fabricó arcos, prendió fuego desde la entraña de la piedra y, de pronto, al final de muchos intentos, distinguió la a de la b hasta que llegó a la omega. Más tarde inventó los números, la palanca, el espejo y se aventuró a predecir la existencia de estrellas y el curso de los astros.

No sabía que existían neuronas ni dónde se asentaba el pensamiento. Hasta Descartes dijo que la sabiduría del hombre estaba en la glándula pineal, cerca de la nuca, en una silla turca. No había llegado Freud ni Jung ni había Facultades de psicología. Pero el hombre ya sabía, desde Egipto y Grecia de faraones y reinas, cómo se construían pirámides y se seducían las piedras y las cobras. Salomón deslumbró con sus decisiones, sus errores y su poesía. Y después de él aparecieron más libros, bibliotecas, laboratorios, sabios, filósofos y academias.

Platón, Aristóteles, Averrhoes, médicos y matemáticos encontraron por el camino al método y nació la ciencia. El mundo fue cambiando, como un tablado de teatro, de utilería, luces y artificio. El ser humano pulió su cara. Aparecieron los perfumes, las especias, el comercio, la banca, la moda, el vapor, los barcos, el armamentismo, la tecnología. Hasta que llegaron los Leonardo, Curie, la Mistral, Einstein y Hawking que nos mostraron descubrimientos que estuvieron ocultos desde que nació el Universo.

Unos pocos hombres y mujeres han pensado y han hecho mejor y peor a este mundo. Inventos como la pólvora, la Tnt, el Colt, la bomba atómica por un lado o la imprenta, la cirugía, la aviación, telégrafo, la radio, la televisión, el Ipad por otro lado. Los demás mortales hemos ido en fila detrás de estos iluminados y hemos gozado merced a su ingenio.

Pensar, como cinceló Rodin al hombre de su obra, como nos lo han enseñado los grandes filósofos, creadores y escritores. Como Cervantes, Beethoven, Picasso, Dante, Joyce, Elster, Rawls – que pasaron días y noches meditando, ensayando, borrando y dejando sobre la piedra o sobre los aires la miel de su colmena -.

Pensar hoy es más necesario que ayer. Pensar como lo hace la araña que teje todos los días, pensar como la abeja de su colmenar hasta las flores, pensar como la rana antes de cantar al agua, pensar enroscado sobre si mismo como la serpiente sabia antes de tentar a Eva, pensar como Ariadna antes de desenvolver su ovillo. El hombre se ha encerrado en el consumismo, en la mudez, la incomunicación. Se ha olvidado de innovar, de trasnochar para cranear, de inventar otras formas y posibles mundos.

10-12-11 – 9:37 a.m.
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