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Peajes y corrupción

El lunes 23 febrero, 2015 a las 10:05 pm
Alfonso nuevo 2

Por Alfonso J. Luna Geller

 No conozco disposición oficial acerca de la instalación de un nuevo peaje en territorio caucano como condición asociada a la posible construcción de la doble calzada Santander de Quilichao – Popayán, como se ha venido sosteniendo en los últimos días en algunos medios de comunicación y a través de las redes sociales. Sí conocí el anuncio del alcalde de la Sultana del Valle sobre un pretendido peaje sobre la vía Cali – Jamundí que operaría mediante una Alianza Público Privada (APP) para financiar la ampliación de dicho corredor vial, propuesta que desató la indignación generalizada en las comunidades afectadas, tanto, que tuvieron que realizar un ‘cacerolazo’ en el parque principal de Jamundí, para protestar por la sola idea, encabezado por el gobernador del Valle y el alcalde de Jamundí, quienes también rechazaron el proyecto de manera terminante.

Y tienen toda la razón en protestar, como lo haremos en el Cauca dado el caso, porque en un país corrupto como el que padecemos está sobradamente demostrado que los dineros públicos nunca alcanzarán para cubrir las necesidades apremiantes con que justifican nuevos despojos al ciudadano víctima. Nuevas ganancias no garantizan soluciones, sino que las deslizan hacia mafias económicas que las reparten, inclusive a través de concesiones, que casi nunca responden por el objeto social que debieran cumplir.

Los nuevos, y los viejos peajes, tienen por fin esquilmar, en condiciones ominosas, aún más al ciudadano que debe movilizarse por motivos comerciales, familiares, estudiantiles, turísticos, deportivos, o de recreación, por las patéticas carreteras de Colombia, a pesar de la sobretasa a la gasolina, el rodamiento, el seguro del Soat, entre otra cantidad de impuestos previos al viaje, sumados al incremento significativo en los costos operativos por concepto de llantas y neumáticos, filtros y lubricantes, mantenimiento y reparación (repuestos), además de que el costo de los actuales peajes instalados en Colombia es mucho más caro que en los otros países de la Alianza del Pacífico. Inclusive, el periodista Carlos Camacho, del diario Portafolio, se tomó el trabajo de elaborar el escalafón de los peajes más abusivos, y encontró que “el trofeo se lo gana la carretera entre Bogotá y Rumichaca, en la frontera con Ecuador: tiene 22 peajes”, la que pasa por Cali, Jamundí, Santander de Quilichao y Popayán, y como si nada, piensan en dos más.

Por otra parte, según estudios serios y confiables, el 80 por ciento de nuestras carreteras está en un estado que va de malo a regular. El 44 por ciento es definitivamente malo. Se da uno cuenta, por ejemplo, que en la vía Cali – Santander de Quilichao, para citar sólo una de las “mejores” del país, con peaje en Villarrica, no se reinvierte en ella lo necesario para garantizar la debida señalización, sobre todo en horas nocturnas, y peor si llueve, cuando se desaparece la vía y el conductor debe adivinar por dónde es que va transitando, y cuando logra orientarse, el vehículo es absorbido por lagos invisibles que le hacen perder al motorista la dirección y el control del automotor corriendo altos riesgos de accidentalidad. Bueno, pero eso qué les debe importar a los encargados del habilidoso recaudo en ese peaje, del cual jamás han rendido cuentas a la paciente comunidad. No me refiero a la vía Santander de Quilichao – Popayán, con peaje en Tunía, porque ése es otro universo, una absurda región donde los dirigentes y concesionarios de las vías parecen miopes, solo ven lo que quieren ver; en esta región no es nada importante gastarse más de dos años reconstruyendo un puente averiado, como el de Piendamó o el de Mandivá, y, como es apenas lógico, todo lo ven siempre hermoso y grato, anunciando a los cuatro vientos, cada vez que ven un micrófono, augurios de multimillonarias inversiones en mega-obras, de las que nadie puede quejarse. Nada es malo para ellos, solo los atrevidos periodistas que les da por criticar “sin fundamentos”, a pesar de que ese trayecto vial se ha tragado miles de vidas y ha frustrado igual número de proyectos productivos, por culpa de los demás, menos de los verdaderos responsables.

La solución, según esos reyes del “extraño mundo de Subuso”, es seguir despojando aún más a los pacientes usuarios con más peajes que comprueban las malas planificaciones y la corrupción rampante. Qué les van a importar trabajadores de escasos recursos que tienen que enfrentar a diario, varias veces, esos peajes; o los estudiantes que se desplazan hacia Cali para acudir a sus instalaciones educativas. Las nuevas barreras a la movilidad, o peajes, son inviables socialmente pues constituyen un nuevo ahogo económico indiscriminado, que además de afectar el turismo y la economía regional, perjudican a miles de personas que viven no solo en Jamundí o Popayán, sino en Villarrica, Puerto Tejada, Padilla, Guachené, Santander de Quilichao, Caloto, Buenos Aires, Suárez, Jambaló, Caldono, entre otros municipios del sur occidente colombiano.

Y así quieren que el país sea exportador y competitivo. Hasta risa da escucharles los discursos.

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