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Miércoles, 25 de noviembre de 2020. Última actualización: Hoy

Patojos que se destacan

El viernes 14 junio, 2013 a las 7:21 pm
Jorge Eliecer Ortiz Fernandez

Jorge Eliecer Ortiz Fernández
Jorgeeliecer_ortiz@yahoo.es

Escribo este editorial relacionado con un punto de venta, ubicado en la ciudad de Popayán, punto de encuentro familiar, y donde los niños especialmente, pasan un grato amable jugando en el único columpio que existe y que ha sido siempre la discordia entre adolecentes para ganar su turno; adicionalmente cuenta entre sus atractivos el imponente árbol de guayaba que aun da frutos.

Este punto de venta inicialmente ofrecía línea de productos como la cazata, fresas con crema y obleas; hoy día, adicionalmente, existe todo tipo de tortas y un excelente café con todos sus derivados. Espero no ser sujeto del cobro por pauta comercial en estos importantes medios que me dan la posibilidad de dirigirme a sus cientos y miles de lectores. Escribo la nota movido como payanés, pues siento inmensa alegría al observar cómo a través del tiempo ha venido creciendo este negocio familiar, de la cual, advierto, no conozco a ninguno de sus propietarios, por lo tanto, queda desvirtuado si alguien conjetura que es por congraciarme con ellos o por pagar algún favor. Solamente he sido un consumidor, como muchos patojos y turistas de los excelentes productos dispuestos en su carta, en el pequeño local que se llamara simplemente “La Vaquita”, ubicada a pocos metros del “Puente Viejo de Cauca”, hoy llamada “Vaquita, Café Gourmet”, lo cual hace que en los payaneses aflore sentimientos de alegría al observar cómo positivamente salen avante pequeños empresarios y algo mucho más importante, motiva para que cientos de personas que contemplan como alternativa para la consecución de recursos, invertir en oportunidades de negocio, que al fin y al cabo, en principio, es un riesgo que se corre, en un escenario como el nuestro, donde la capacidad de pago es tan exigua.

Lo que está pasando entonces al norte de la ciudad es un claro ejemplo de que sí se puede salir avante, que existe mercado, el hecho de encontrar anuncios, como, “nos estamos ampliando para servirlo mejor”, ese gesto es una muestra fehaciente que todos los seres humanos debemos tener sueños.

Quién pensaría hace algunos años que ese pequeño negocio, donde mi hija María Alejandra se aporreó en el tradicional columpio y empezó a saborear ricos manjares, hoy tenga que recordar el apacible lugar de hace veinte años, viéndolo convertido en el sitio obligado a visitar los fines de semana, con prolongadas filas, atendido ya no por la mujer de tez canela y grandes ojos, si no por tres damas que con estoicismo recogen los pedidos de cientos de clientes, que ante la variada carta, lo piensan una y otra vez antes de definirse, ¡que sí!, ayuda en unos kilitos de mas para nuestros cuerpos, pero que nos permite deleitar el sentido del gusto, sin tener que envidiar a reconocidos lugares de otras ciudades que dedican su oficio con la misma calidad y disposición humana.

Ánimo pues, en nuestra ciudad sí se puede invertir, pero claro, no le vamos a montar otra vaquita en la mitad de la cuadra, dejemos que aflore ese instinto empresarial patojo, existe variadas opciones de inversión y en sitios diversos de la ciudad.

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