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El “paseo” a pacientes en hospital de Quilichao

El martes 6 junio, 2017 a las 4:25 pm

Vistazos

Con la anuencia del director, hoy cedo mi espacio para dar acogida a una de las innumerables quejas que a diario se expresan por la deficiente y hasta humillante atención que con frecuencia se presta en el Hospital Francisco de Paula Santander, de Santander de Quilichao, sobre todo en urgencias.

Por obvios motivos, omito los nombres de las personas que, con razón, me hacen llegar su inconformidad.

Anoto, eso sí, que se trata de un matrimonio honorable, serio y responsable al que conozco ampliamente y por eso mismo le concedo toda mi credibilidad.

«El viernes 26 de mayo tuvimos la necesidad de acudir al hospital en busca de atención para una urgencia de uno de nuestros hijos por un delicado percance en uno de sus ojos (le cayó cal) y la demora fue llegar a dicho centro asistencial para comenzar a padecer una verdadera y degradante odisea”.

Veamos: «nuestro calvario comenzó a las 10+15 de la mañana, cuando después de tres horas de espera nos atendió una enfermera jefe, quien considera que el caso no amerita manejo de urgencia ni hospitalización; entonces remite a nuestro hijo a cita prioritaria en su respectiva EPS (en este caso Cafésalud).

Lo curioso es que allí le prestan el servicio y lo remiten nuevamente al hospital, argumentando la necesidad de que lo diagnostique un especialista en oftalmología debido a la molestia en el ojo de nuestro hijo, que iba en aumento.

Sin embargo, el paciente nuevamente es sometido de manera injustificada a triage y a pasar al médico general, tras larga espera, para que, al fin, pase donde el oftalmólogo cosa que, nos parece, se pudo hacer cuando nos atendió la enfermera jefe para evitar ese «paseo» de consultorio en consultorio.

Deprimente

Lo más triste y deprimente, para nuestra condición de usuarios, además de las casi cinco horas de padecimientos por el trato desconsiderado y la preocupante situación del paciente (nuestro hijo) es el irrespeto a nuestros derechos, casi con insulto a nuestra dignidad, cuando quisimos conocer del caso del niño, o hacer alguna insinuación.

«SEPA QUE USTED NO ES MEDICO NI OFTALMOLOGO, O ALGO ASI”, dijo en tono desafiante a la madre del paciente el coordinador de urgencias, Diego Bonilla, quien no pareció entender la situación de infortunio y obvia preocupación nuestra. Más bien elevó su voz, poco amable, para agregar: Y eso que le estoy hablando en términos normales, nada técnicos ni científicos. Así que si no entienden, pues allá ustedes.

Entonces, se pregunta uno: ¿esa es la clase de servidores públicos que necesitamos para que colaboren con un proceso de auxilio o concedan al menos una respuesta y una somera explicación al caso requerido?

También cabe preguntarse si es procedente que una enfermera tenga toda la autonomía en el único hospital de segundo nivel de la zona norte del Departamento del Cauca, para decidir y diagnosticar quién se va para su casa y quién se queda en el hospital o qué especialista requiere (si es el caso) como nos ocurrió a nosotros.

Fin constructivo

¿Cuántas vidas humanas se podrán salvar y cuántos problemas de salud evitar prestando una atención eficaz y precisa?

Nuestra queja, que tiene un fin constructivo, la formulamos como un llamado a la sensibilidad, al respeto y a la ética que siempre deben profesar los profesionales de la salud.

Y al señor coordinador de urgencias, tal y tal, que modifique sus desafiantes modales para referirse a los pacientes que, por si no lo sabe, o los quiere desconocer, también tienen sus derechos, amparados en la Constitución Nacional”.

Atentamente,

Pacientes inconformes.

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