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Paros & Hechos Mediáticos

El jueves 25 julio, 2013 a las 8:49 am

Diógenes Díaz CarabalíEstos días han sido de paros, de triunfos deportivos… Después vendrán otros paros, el partido de la selección de fútbol y más tarde, el reinado de belleza. Sin duda, por todos estos hechos nos descueramos.

En los paros, lo más contraproducente es descalificarlos. Eso da legalidad y sentido heroico a sus organizadores, despierta solidaridad y los miembros de la fuerza pública quedan como los malos de la historia. Al final, el gobierno negocia, da concesiones, el paro se levanta, y otra vez a esperar que otro sector organice otro paro y los policías a los cuarteles, imagino que avergonzados.

En los triunfos deportivos, viene la alegría mediática. Aunque los medios, que viven de la propaganda y de la explosión del ánimo popular, traten de prolongar las celebraciones, pero los triunfos no resisten la alharaca, las lágrimas de los fanáticos, las declaraciones patrióticas de los protagonistas. A estas alturas, también, los departamentos, las primeras damas o, “gestoras sociales”, como prefieren que las llamen, buscan afanosas chicas perfectas sin rastro de silicona, piel liza, 90-60-90, precedidas de gastos quirúrgicos por las familias para que la engreída y vacía muchacha tenga oportunidad de representar a su departamento en Cartagena.

En este país, quien no haya hecho un paro, no es cristiano. Y no aprendemos. El gobierno realiza las mismas declaraciones descalificatorias. Hasta la mecánica de los paros y los motivos argüidos son los mismos. Parece que los organizadores de antemano saben hasta donde pueden tranzar y los representantes del gobierno igualmente saben hasta dónde pueden ceder. Se adivina siempre en qué va a terminar el paro, pese a las amenazas, las descalificaciones, las acusaciones de insensibilidad; lo que nadie se explica es por qué no se pacta antes de que sucedan los paros; antes de sacrificar a unos muchachos vestidos de policía, únicos sacrificados durante los enfrentamientos.

En la emoción de los triunfos deportivos se hacen promesas que no van a cumplir, que la paz se consigue con la práctica del deporte, que le van a dar una casita para la familia, que se van a construir escenarios apropiados para la práctica del deporte, afirmaciones que hemos escuchado desde los tiempos de “Cochise”, pero el deporte sigue igual: esfuerzos particulares, logros de seres anónimos y humildes, que ponen a desgañitarse a los locutores deportivos, para quienes el héroe un día antes ni siquiera les merecía una mirada.

Y en la mirada bobalicona de las reinas se nota la satisfacción de su cursilería. Quienes las admiramos somos los mismos que velamos ante el nacimiento del nuevo heredero de la corona británica. Es un complejo heredado del sentimiento monárquico que para nosotros no debería tener sentido, pero nos gusta por la imposibilidad de tener verdaderos héroes, entonces los construimos con la ayuda de las páginas abundantes de los noticieros de televisión.

La nuestra es una realidad pacata, esporádica, sorprendente. En los tres casos no caben los métodos, ni la planeación estratégica ni nada. Será porque nos gustan las sorpresas y las rivalidades vacuas que muchas veces resultan en el asesinato, porque en los paros, en los enfrentamientos deportivos y en los reinados quedamos más resentidos y con muchos más odios despiertos, que los beneficios conseguidos.

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