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Jueves, 30 de junio de 2022. Última actualización: Hoy

Paradojas de Estado

El miércoles 20 octubre, 2021 a las 9:41 am

Paradojas de Estado

David Moreno Trujillo
Por David Moreno Trujillo

“Mira que brazos tan grandes tengo y por todos los sitios no hay más que vacío”, escribió alguna vez el guionista Ingmar Bergman. No es una descripción hecha al Estado Colombiano, pero se ajusta a la perfección para representar lo que es y ha sido con su apariencia sublime de “todo lo alcanzo” contrastado con su acción dogmática, sesgada y difusa.

Evidentemente este no es un Estado que actúa de forma robotizada ni programada, está representado por seres humanos que transitan siempre sobre la vulnerabilidad del error involuntario o deliberado, pero para el cual, se han construido con el pasar de los años y en respuesta a diversas situaciones y factores, una base normativa que debería ser la fuente principal en la toma de las decisiones y en las actuaciones de estos representantes estatales.

Lastimosamente las rumas de papel entintado, han conducido a ser eso, la ocupación de rincones lóbregos que se apilan y se acumulan, se contradicen y se convierten en paradojas extrañas con márgenes enormes a la interpretación de las visiones interesadas y corruptibles.

Lo anterior no es para adentrarse aquí en el imaginario marxista de la desaparición del mismo, ni tampoco en la conveniente visión liberal del Estado mínimo, lo que se busca y se necesita es la existencia de un Estado que actúe en el marco de los derechos existentes, que controle alrededor de sus límites establecidos y que exija centrado en las responsabilidades conjuntas. Un Estado que exija y se exija, que no deambule en las vacilaciones, las lentitudes ni la pesadez, que no siga ahogándose en el mar de las paradojas y los contrasentidos.

En la proyección de un horizonte utópico no es posible siquiera uno poder imaginar un Estado que se haga presente en todos los rincones, que llegue a todas las personas sin distinguir regiones ni religiones, edades ni colores, que resuelva todos los problemas, desde los más simples hasta los más transcendentales que determinan la supervivencia y la vivencia de muchos, que potencie todas las posibilidades existentes, desde las ilusiones que motivan a levantarse cada mañana, hasta el aprovechamiento de las tierras fértiles y mal usadas. Aun así, a pesar de todo eso, lo que sí es posible por lo menos contemplar (y exigir como se debe) es la posibilidad de tener un Estado que no confunda su deber de instaurar autoridad con la utilización de lógicas represivas, que siga enfrascado en políticas fracasadas que criminalizan y que buscan seguir esparciendo venenos sobre los cuerpos de los más desprotegidos, que no garantiza ni la vida ni la muerte digna, que actúa con celeridad en su ansía de perseguir a lo que no tiene sentido y se muestra limitado y lento ante quien le exige amparado por sus derechos.

No se pide más, es la petición breve y sencilla de un Estado sin paradojas, que se límite a ser un protector y garante de derechos ya establecidos y que exija sobre los deberes ya fijados. Que motive a la ciudadanía a sentirse parte del todo y que no se sientan abrumada con la carga encima de cumplir con lo que no se retribuye.

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Un comentario en "El taitapuro de La Pamba"

  1. Carlos Alberto Perez dice:

    Pero este relato quedó inconcluso o es que hay una segunda parte. Muy buena anécdota histórica.

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