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PARÁBOLA TRISTE

El sábado 29 mayo, 2021 a las 9:17 am

PARÁBOLA TRISTE

Rodrigo Valencia Q

   Una mujer de mediana edad subía por un camino solitario que bordeaba una colina. La tristeza, lejos de amargarle el rostro, lo adornaba, le otorgaba una sensación de luna pálida en madrugada. A lo lejos se veía la ciudad en llamas, espesa humareda subía hasta el cielo.

   Más allá se topó con un anciano de finos rasgos venerables; los ojos, hundidos, no habían perdido lo que parecía ser una penetrante y azul mirada. También estaba acongojado, apoyaba las manos en un rústico cayado.

   Ella se acercó a él. «¡Qué dolor, qué desesperanza!», le dijo.

   «La vida está hecha de acciones, las acciones producen resultados, las consecuencias de los actos son inevitables», le contestó.

   «¿Era inevitable?», preguntó ella. «El tiempo está maduro, sólo estamos cosechando la siembra de años y años», respondió el viejo.

   Y ambos compartían inmensa tristeza. El aire era cálido; aún de lejos recibía el calor de aquel incendio inicuo.

   «Te lo digo en parábola, y tal vez sea una parábola cursi», dijo el viejo, y comenzó con voz pausada:

   «Había un reino gobernado por grandes señores feudales, inmensamente ricos. Sus siervos eran gente buena, sumisa, muy trabajadora, pero el exceso de trabajo agotaba sus cuerpos y abrumaba sus espíritus. Los grandes señores eran tremendamente déspotas, despreciaban a los siervos, los trataban con dureza; eran ciegos y sordos a sus necesidades, las familias morían de hambre y miseria, nunca les pagaban lo justo, jamás les concedieron buenas oportunidades. Y así sucedía por años sin término. Con el tiempo, la rebelión fue inevitable, nuevas generaciones tenían su incendio en el alma, y algunos, por supuesto, habían crecido con rencor irresistible. Supongo que entiendes», dijo él, mirando la tristeza de ella.

   «Por supuesto», contestó ella… Y los rodeó un gran silencio. «La justicia lleva al bien, la injusticia conduce al mal», añadió ella… Y retornaron al silencio.

   «Estamos viendo la cosecha de los años, el tiempo ha madurado inicuos resultados», dijo nuevamente el viejo.

   Y se acompañaron un rato más en su desesperanza. La tarde se acercaba al ocaso, el fuego brillaba más intensamente en la distancia.

   **RVQ**

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