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Para remover las tripas (1)

El miércoles 2 marzo, 2016 a las 9:19 am

Diogenes Diaz Carabalí

Diogenes Diaz Carabalí.

Hay tres informes, secretos en su momento, contratados por el gran capital, hechos por hombres sin corazón y sin conciencia, que al leerlos remueven las tripas y dan ganas de vomitar. Fueron ordenados por las Naciones Unidas, los países ricos, y el Departamento de Estado de los EE.UU. Los más sobresalientes dieron nombre a los documentos, después ocuparon altos cargos en el gobierno Americano y las Naciones Unidas. Estos informes hechos público a finales del siglo pasado, radiografían la sociedad en que hemos caído como aguacates, como idiotas útiles. Son conocidos como el sustento del neocapitalismo, que echa mano de la más cruda teoría fascista mezclada hábilmente y sin ningún escrúpulo con el pensamiento marxista, para posicionar el sistema de globalización y las grandes multinacionales, donde los “pobres subdesarrollados” no tienen cabida porque carecen de capacidad de compra.

El primero, es el Informe Rockefeller, cuya principal preocupación está dirigida a controlar, a toda costa, la natalidad en los pobres. El segundo, el Informe Kissinger, más radical, trata de “imponer en el mundo un nuevo sistema de valores que acompañe, colabore y fomente el proceso de globalización al servicio de los intereses del mundo desarrollado”. Y el tercero, el Informe Global, contratado por el Club de Roma, tan radical como que para el año dos mil había que eliminar de la faz de la tierra dos mil millones de personas.

Son tan diabólicas las recomendaciones, que por ejemplo Thomas Ferguson, quien fuera jefe del servicio de América Latina de la oficina de asuntos demográficos del departamento de estado dice: “El crecimiento de la población no blanca mundial, debería considerarse peligroso para la seguridad nacional”. Y por ejemplo, refiriéndose a Centro América afirma: “Esa región planteaba un problema. La guerra haría descender los índices de la población. Es necesario mandar a todos los hombres al combate; que maten a miles de mujeres en edad de procreación”. Se llegó a pensar en la posibilidad de eliminar a millones de niños, como en la mitología griega con el dios Kronos, quien devoraba a sus hijos.

Los tres informes pretendían, de todas maneras, la reducción drástica de la humanidad. Consideraron la guerra de Vietnam un triunfo por el número de muertos. Estos “sabios”, en su mayoría provenientes de la universidad de Yale, pretendían “Rehacer” las sociedades, sometiéndolas a un proceso de “Reingeniería Social”, imponiendo una “nueva ética” basada en nuevos paradigmas: un nuevo paradigma de familia, y aparece el aborto con nombres disfrazados como interrupción voluntario del embarazo y el matrimonio entre personas del mismo sexo para lo cual hacen ver como normal y universal el homosexualismo con el paradigma de género, un nuevo paradigma de derechos humanos donde el interés particular prime sobre el interés general, un nuevo paradigma de salud, un nuevo paradigma del derecho y especialmente un nuevo paradigma internacional. Básicamente el propósito está en reducir la población, consistente en des-feminizar a la mujer, feminizar al hombre, fomentar las guerras nacionales, crear mecanismos de esterilización, y mediante mecanismos legales, siguiendo el ejemplo chino, controlar el número de hijos que pueda procrear una pareja.

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