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El palo no está pa’ cucharas

El martes 7 junio, 2016 a las 4:12 pm
Diogenes Diaz Carabalí

Diógenes Díaz Carabalí.

Los paros desde los cuatro puntos cardinales pone al gobierno en un galimatías. Ya no es el comunismo internacional, los enemigos de la patria, los agitadores profesionales quienes promueven los paros, como en nuestra época contestataria ya superada porque, igual, otros protestas, otros claman justicia. Tampoco es la izquierda la que levanta a “Ingenuos” ciudadanos en sus propósitos de “alborotar” a la comunidad, ni la guerrilla que fuerza a ingentes y humildes labriegos a levantarse en contra de la autoridad, como argumentaba en la inolvidable y eterna época del estado de sitio durante los gobiernos del Frente Nacional. Hoy estos paros vienen de la izquierda y de la derecha. Hoy son problemas concretos de campesinos marginados, ciudadanos de segunda que han sido tratados como tales, representados en mestizos, indios, negros y mujeres solas que además de parir hijos en las peores condiciones, tienen que ‘moler duro’ para conseguir el sustento.

Y ¿quién tiene la culpa de estos paros? En esencia la tradicional desigualdad que cabalga por todas las esferas, consecuencia de la manera como se han clasificado los oficios, los lugares, las razas, los orígenes. Este país es eminentemente hipócrita, con muchas prevenciones, con muchos modelos prefigurados, lo que hace que miremos como inferior a quien no pertenece a nuestro círculo, a nuestro apellido, a nuestro origen, a nuestro credo, a nuestra idea. Eso es en volandas. Pero en concreto, la irresponsabilidad de nuestros políticos, que en afán electoral a todo dicen sí, sin contar con los ingresos, sin establecer de dónde van a venir los recursos para determinado compromiso. Está, de igual forma, la crisis que tenemos frente a la producción, el capital superfluo ha hecho mucho daño; lo mismo que la idea de suntuosidad, de riqueza: el modelo neoliberal nos ha hecho creer que comodidad es tener el último celular; el último plasma; el último carro; la última marca de tenis, de jeans, de camiseta.

Nos hemos convertido en un país de consumidores; nuestra producción ha perdido su vocación; los neoliberales nos hicieron creer en la manufactura como único medio para nuestro desarrollo y por eso la producción agrícola se convirtió en vergüenza, en lunar negro de nuestra economía. Hubo quien consideró que incluso el café era un producto de subdesarrollados y dejamos que otros países asumieran el liderazgo en la producción de alimentos: Chile, Ecuador ocuparon nuestro lugar en un mundo donde quien produce alimentos tiene asegurado su desarrollo. En este país matamos el campo, por chimeneas contaminantes diseminadas en nuestras ciudades que el día menos pensado se fueron porque encontraron escenarios más expeditos para trabajar: con obra de mano más barata; con leyes más laxas; con consecuencias más seguras.

Estamos en una situación muy difícil, con sectores exigiendo reivindicaciones, que si bien son justas, el estado no tiene con qué suplirlas. Pero ¿quién convence a los campesinos si ven que el gobierno gasta en superlujos, que los alcaldes se desplazan en carros de alta gama, que las autoridades de ejército, policía y judiciales despilfarran a diestra y siniestra cuando el palo no está pa’ cucharas?

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