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Sábado, 14 de diciembre de 2019. Última actualización: Hoy

PALABRAS PARA UN ÁNGEL

El domingo 17 noviembre, 2019 a las 6:08 pm

PALABRAS PARA UN ÁNGEL

“No es la carne y la sangre, sino el corazón, lo que nos hace padres e hijos”: Schiller

PALABRAS PARA UN ÁNGEL

Carlos Julio Quintero Leguízamo, para ti el asunto del amor y la bondad fue siempre muy sencillo, por lo menos por la forma como nos amaste desde que niños, nos aconsejaste cuando jóvenes y nos respetaste cuando hombres. Respecto a tu presencia en la casa no hay queja, mancha, duda, reproche. Solo nos queda tu presencia impoluta jugando a ser de nuevo niño, intentando corregir la forma de patear el balón, corriendo de pieza en pieza para robarnos una sonrisa. Me queda solo el recuerdo de tu rostro envuelto en luz a pesar del cansancio de la jornada de trabajo y la absurda huella del cáncer burlándose de mí e intentando robarme tu paz.

            Estamos adportas de la Navidad y solo podemos eternizarte en el pesebre que desde siempre nos enseñaste amar, el árbol de navidad que desde tu creatividad alimentabas y adornabas. Desde hoy siempre serán navidades con aroma del dulce de leche y papaya, de queso y nochebuena, de villancicos al acorde de requintos y maracas, de año nuevo al calor de un abrazo. De regalos y besos en torno a Niño Jesús.

            En este momento de quietud, tu adorada esposa, tus hijos e hijas, nietos y nietas, extrañaran tus bombones de gelatinas, tu birimbí de maíz, tus envueltos y orquídeas las mil tardes de futbol, las noches de cuentos y canciones, tus inocentes locuras y ejemplo sin par. Estoy seguro de que también te extrañarán tus hermanos porque fuiste sin envidias y sin celos, tus sobrinos y sobrinas porque fuiste historias y tonadas sin par. Asimismo, tus amigos de infancia, de juventud y travesía al recordar domingos de futbol, bailes y cantos. A todos, a ellos y a nosotros nos faltará tu santa amonestación desde el juicio y la sapiencia; tus disertaciones políticas, religiosas, culturales, étnicas, científicas nacidas desde la prudencia y la verdad nos harán falta. Te vas, hombre santo y puro, digno de admiración y culto.

            Pero hoy, ante la quietud de los cuatro cirios, aparecen miles de suspiros y una suerte de paz nos cubre y nos sana, a pesar claro, que momentos de dolor nos perseguirán como una fatídica sombra; en particular cuando dejamos que sufrieras en silencio. Pero tu amor y bondad siempre capaces de darse al otro vencían con su intensidad los obstáculos y conmovían invariablemente la quietud de los espacios y los sujetos.

            En la mañana del 16 de noviembre tu último aliento silenciosamente vino a verme, el cuarto 409 de la Clínica Santa Gracia en Popayán se cubrió de ilusión, te paraste en el umbral que nos separa de Dios y sin miedo estiraste tu mano a fin de tocarme en la cama y me entregaste la paz que necesitaba mi adolorido espíritu. Fue un momento de dolor que hasta el cielo se cubrió de lluvia, la naturaleza también lloró tu partida; partiste y me derrumbe a llorar, y te prometo que volveré a llorar mientras siga escribiendo.

            Padre amado, te has ido de nuestro lado, viajas lejos, pero no hay penas. El cielo está de fiesta, los querubines y los serafines han preparado la mejor de las bienvenidas, vuelve a ellos el requinto y el balón, los cuentos y las leyendas, vuelve la alegría. Mamita María te escuchará plácida cantarte sus himnos y Jesús reirá de tus chistes.

            Juro que ya te extrañamos. Pero al saber que estas en el cielo nos llenamos de gozo.  

Aplausos para el ser más maravilloso que Dios nos permitió conocer y disfrutar.

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