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Pacto Histórico: entre la esperanza o más de lo mismo

El martes 27 julio, 2021 a las 10:22 am
Pacto Histórico: entre la esperanza o más de lo mismo

Pacto Histórico: entre la esperanza o más de lo mismo.

Por: Omar Orlando Tovar Troches -ottroz69@gmail.com-

Debo confesar que iba a cambiar el título de esta nota, ya que me pareció, a primera vista, que indicaba las opciones incorrectas. Me termine convenciendo de que no era tal. Esta esperanza, la del titular, debe ser asumida como aquella definida por el Diccionario: “Estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que se desea”.

Ese deseo, expresado con vehemencia desde el pasado 28 de abril de 2021, consistente en la aspiración de darle un vuelco total a la forma en que ha sido gobernada la sociedad colombiana, al menos desde la segunda mitad del siglo pasado, es compartido por un número creciente de colombianas y colombianos, los cuales, si bien es cierto, no estuvieron presentes en las movilizaciones (marchas y puntos de resistencia), si apoyaron y apoyan, muchas, por no decir, todas, las reivindicaciones expresadas por la protesta social desde hace tiempo atrás. Esta gran colectividad comparte la esperanza de un nuevo país y de unos nuevos gobiernos, mucho más acordes a sus verdaderas realidades y a unas nuevas maneras de ser y hacer política y administración pública.

Ahora bien, ese deseo de cambio, se muestra como cercano, como posible, incluso en el marco de un uribismo, en pleno ejercicio de una dictadura “democrática” o absolutismo constitucional, en el que, los titulares de los contra pesos del poder público, han sido impuestos por las mayorías parlamentarias, hoy aliadas a la extrema derecha, y cuyas actuaciones se revelan como de abyecta obediencia a las directrices del ex senador y ex presidente Uribe Vélez y su círculo íntimo de allegados y patrocinadores, en contra de aquellos que se muestran como posibles adversarios en las contiendas electorales, lo mismo que, aquellos que solo actúan como portavoces del descontento popular, bien sea en las movilizaciones o en los medios de comunicación independientes o los alternativos.

El dilema que se le presenta, una vez más, a esa gran masa de ciudadanos inconformes o decepcionados con el actual sistema socio económico, imperante en Colombia, es aquel relativo a decidir entre la urgencia de sobrevivir la actual crisis económica, sanitaria y de seguridad, confiando en la supuesta seguridad de: “es mejor malo conocido, que bueno por conocer” o lanzarse a la aventura de optar por una propuesta de gobernar de forma diferente, incluso, en el marco del mismo sistema socio económico, que dice detestar.

Este dilema, siempre aprovechado por la casta sacerdotal de los partidos de derecha que han gobernado a Colombia, al que ahora han llamado “polarización”; ha impuesto en el inconsciente colectivo colombiano, el mito de la necesidad de votar por los siempre ganadores partidos Liberal, Conservador, Cambio Radical, Centro Democrático, la U, MIRA, Colombia Justa y Libre y los de los Manguitos; de modo que no se corra el riesgo de poner en el gobierno; a aquellos movimientos y partidos que representan la polarización, el extremismo, al comunismo internacional, al terrorismo y últimamente; al vandalismo enemigo de las gentes de bien.

Ante esta manipulación del electorado, a punta del amiguismo, el tráfico de influencias, el clientelismo, los abusos del poder y el manejo mediático del discurso del miedo y el odio, que son casi lo mismo, en contra del castro chavismo internacional; también han sucumbido algunos de los dirigentes y estrategas de los llamados partidos y movimientos alternativos, que antes se llamaban de izquierda, quienes al constatar el gran avance de la movilización callejera y en redes sociales; han caído en la tentación   de aplicar, en el presente proceso proselitista y electoral, la mal llamada “REALPOLITIK”, que, en términos simples; no es otra cosa que, hacer lo que sea necesario para acceder al poder, con el aparente, pero muy noble objetivo, de ayudar a la gente.

Entonces, este hacer lo que sea necesario, para salvar al país de las garras asesinas de la ultra derecha colombiana, dirigida, alentada y representada por la actual coalición uribista al mando, plantea un escenario de incertidumbre para quienes aún desconfían, en los afanes de llegar al poder como y con quien sea, puesto que, si se echa una simple y corta inspección histórica, de los renombrados dirigentes de la tradicional derecha, ahora devenida en centro izquierda colombiana, a quienes en cumplimiento de esta nueva estrategia, el Pacto Histórico ha llamado a sus filas; se puede constatar fácilmente, el riesgo de caer, nueva e ingenuamente, en las garras utilitaristas de aquellos que ayudaron a construir el engendro ultra derechista del uribismo y del cual hoy se muestran como vergonzantes opositores.

Si de lo que se trata es de rescatar al país, vale la pena cuestionarse sobre la validez de apelar a la “REALPOLITIK” que se desprecia de los partidos tradicionales, así mismo es necesario confirmar una y otra y las veces que sea necesario, las prioridades y las secuencias de los pasos para materializar la esperanza de cambio de millones de colombianos. En este mismo orden de ideas hay que interrogarse acerca de cuestiones, que, si bien es cierto, se presentan como demasiado teóricas, deben ser resueltas previamente, en aras de dar los pasos concretos para realizar los cambios requeridos.

Algunos de estos cuestionamientos se refieren a: ¿cómo plantear la construcción de una nueva democracia, o mejor dicho de una verdadera democracia sin caer en la tentación de un llamado “estado de emergencia o de transición”?, los cuales, en opinión de muchos expertos, no son otra cosa que; intentos de reacomodo del establecimiento y sus élites reinantes, ahora vinculadas al Pacto Histórico. ¿Cómo acceder al poder defendiendo enfáticamente, los verdaderos valores e intereses de la humanidad, transitando por los laberintos de la democracia liberal de occidente, sin hacer concesiones importantes a quienes hoy detentan el poder económico? En lo concerniente a la implementación de un modelo socio-económico y político verdaderamente alternativo; ¿Están todos los que son y son todos los que están, en términos de etnicidad, genero, diversidad sexual, etaria, cultural y regional?

Efectivamente; las elecciones las ganan, quienes consigan la mayor cantidad de votos. Pero, en términos éticos, en el campo de la re dignificación de la política y de la humanización de la democracia ¿En serio, vale la pena hacer lo que sea por ganar las elecciones? ¿Vale la pena correr el riesgo de entregarle la esperanza de cambio a quienes ayudaron, por acción y omisión, a construir un modelo que les ha negado a millones de colombiano esa esperanza?

De nada sirven las nuevas “primaveras”, ni nominarse como “indignados”, “primeras líneas”, “pueblo en resistencia”, si al final, terminamos aplicando la misma farsa proselitista de los movimientos y partidos que han ganado y gobernado hasta ahora, cayendo en la trampa de la democracia electorera y, de paso, eligiendo a algunos (as) de los mismos (as) de siempre.

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