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Jueves, 26 de noviembre de 2020. Última actualización: Hoy

Otra cátedra para Paloma Valencia

El viernes 23 octubre, 2020 a las 11:26 pm

Otra cátedra para Paloma Valencia

Otra cátedra para Paloma Valencia

Cuando termino mis labores periodísticas cotidianas, generalmente me pongo a estudiar como manera de ir conciliando el sueño. La noche del jueves me entretuve leyendo sobre ideologías políticas, tratando de descubrir cómo su aplicación a través del gobierno impacta la vida de las comunidades y cómo los líderes políticos se suelen ir transformando hasta convertirse en estadistas o en despreciables ídolos con pies de barro.

Repasaba sobre el liberalismo, el socialismo, y otras ideologías. Sobre el fascismo examinaba que “La doctrina fascista rompió con la herencia racional y adoptó un acusado irracionalismo. Los fascistas desconfiaban de la razón y fomentaron el comportamiento irracional de las conductas, así como los sentimientos o manifestaciones intensas hasta la glorificación del fanatismo. Las ideas fascistas se construyeron sobre dogmas, sobre ideas indiscutibles, como pueden ser la superioridad del jefe o líder, del hombre sobre la mujer, el soldado sobre el civil, o la cuestión de las razas superiores e inferiores. Es el triunfo del tabú, de lo que hay que admitir sin discusión o análisis, del totalitarismo frente al debate libre”. ¡Pero si esto es lo que padecemos desde hace mucho más de 10 años!, pensé.

Más adelante leía: “El Estado totalitario no está basado en la división de los poderes ni en sus contrapesos según el modelo liberal-democrático. Además, está prohibida la disidencia y que la oposición política se articule de la forma que sea, especialmente a través de los partidos políticos según el mismo modelo democrático. La oposición es considerada como una grave perturbación para el buen gobierno y para el orden. El Estado, en fin, monopoliza la verdad. Para ello, cuenta con la propaganda y la exclusividad de los medios de comunicación”. ¡Esto es lo que ocurre en Colombia! ¿Será que estamos retrocediendo 100 años en política?, me preguntaba, porque todo esto está hoy vigente, como en Italia-1920.

“El fascismo se caracterizó por la conculcación de las leyes preexistentes y de un Parlamento servil que abdicó de una de las obligaciones de todo poder legislativo: el control del ejecutivo”. ¡Qué coincidencia! Tenía a mi lado el diario El Tiempo que titulaba “Tumban posibilidad de moción de censura de Robledo a Mindefensa. La mayoría del Senado desaprobó la realización del recurso propuesto por el congresista opositor”.

“Solamente una minoría, una élite, puede gobernar según las ideas fascistas, porque se partía del postulado de la desigualdad de los hombres, frente al postulado del liberalismo y de la democracia que establece la igualdad. Así pues, se rechaza de plano el concepto de democracia, ya que ésta reconoce los mismos derechos a todos los ciudadanos. Otra de las consecuencias de la desigualdad tiene que ver con el triunfo del racismo”. A propósito de la Minga Indígena, la lectura me trasladó mentalmente a Paloma Valencia, Paola Holguín, María del Rosario Guerra, un tal Macías, y otros auténticos representantes de lo descrito entre las comillas anteriores.

“Por encima de todos y de las élites está el jefe, el líder, el hombre excepcional, un superhombre. El resto debe obedecer sus decisiones sin titubeos. La obediencia debe ser ciega. El líder nunca se equivoca, siempre tiene razón. El culto a la personalidad llega al paroxismo”. Pero ¿cómo así?, me pregunté cuando vi que el documento hacía un retrato exacto del señor Uribe, jefe, líder, hombre excepcional, superhombre; y al de la obediencia ciega que puso en la Presidencia.

Decidí suspender la lectura, porque al sospechar que los colombianos lo que venimos es sufriendo de un incipiente fascismo que avanza, a pesar de su anacronismo, impulsado por el “presidente eterno”, no quería dañar mi sueño, que ya se acercaba. Entonces, me pasé a las alertas que me llegan con las noticias relacionadas con el departamento del Cauca.

Y me encuentro con este titular en https://www.wradio.com.co/: Rifirrafe entre los senadores Valencia y Ortega por cultivos ilícitos en Cauca. Me pareció interesante enterarme sobre qué habría ocurrido entre Feliciano y Temístocles, que son los senadores del Cauca (no solo por el titular en género masculino). Son personas que conocen perfectamente el departamento, son verdaderos dirigentes, así no se esté de acuerdo con sus tendencias políticas, pero éstas sí dentro de la democracia. Un debate entre ellos traería consecuencias positivas para el Cauca. De eso estoy seguro por su permanente integración social con los caucanos y su invariable lucha por buscar una mejor calidad de vida, y sobre todo, por tratar de construir sobre un territorio con una herencia deshonrosa que inclusive se puso en evidencia hace poco con el derribamiento de la estatua de Sebastián de Belalcázar, y a pesar de haber tenido varios presidentes, coincidencialmente entre ellos, otro de apellido Valencia, hace más de 50 años.

Pero bajé la vista y el rifirrafe era con la senadora Paloma, también Valencia, preciso, la nieta de Guillermo León, el que también fue senador del Cauca por el Partido Conservador, desde 1933 hasta 1962 cuando resultó elegido presidente de la República. Era la Valencia, hija del también senador conservador del Cauca por muchos años, Ignacio Valencia; era la actual senadora, que no por el departamento del Cauca, porque ella solo se identifica como uribista pura, nada más; familiar, en fin, de que quienes gobernaron el departamento en los últimos siglos y que nos entregaron como legado el territorio que hoy padecemos y que se trata de reconstruir, desde mucho antes de los últimos diez años.

Leí entonces la noticia: “La senadora del partido Centro Democrático, Paloma Valencia, hizo fuertes críticas a quienes han gobernado los últimos 10 años el Cauca, lo que suscitó la reacción de su homólogo y exgobernador de ese departamento, Temístocles Ortega Narváez. La congresista cuestionó que la dirigencia de esta región no haya podido ni con la seguridad, ni con la sustitución de cultivos, “que es la que les gusta”.

Para complementar, traté de leer sus comentarios en su cuenta Twitter, que es la que utilizan disciplinadamente los uribistas para expresarse, y me encontré con esto, que me causó risa, porque no sabía que tanto le afectaban mis opiniones, y que con ello me causaría algún daño. Me sentí halagado:

Otra cátedra para Paloma Valencia

Pero retomemos el tema: la senadora está tan despistada que, a pesar de mis primeros párrafos, defendió al Gobierno Nacional y subrayó que no sólo es su responsabilidad lo que ocurre en este departamento. La congresista, negando la evidencia histórica del Cauca, cuestionó a la dirigencia actual de esta región porque trabaja por la paz, por la sustitución de cultivos ilícitos, porque lucha contra el narcotráfico, del cual se han lucrado muchos de quienes financian campañas a la Presidencia y hasta un exembajador de este gobierno, menos los caucanos, porque los dineros ilícitos están por fuera, en los llamados paraísos fiscales, en suntuosas propiedades ubicadas en las grandes ciudades, en inmensas haciendas que ofenden al colombiano común, o va a parar al sistema bancario, también controlado por el gobierno. Esos fabulosos capitales no llegan a Toribío ni a Argelia, que por eso son regiones víctimas del narcotráfico. En consecuencia, me parece a mí que esa puede ser la causa para que a algunos no les “guste” la sustitución de los cultivos ilícitos.

Yo le sugiero, como asunto obvio, que si ella, la Paloma, como defensora del gobierno, que se apoderó de los organismos de control, de parte de la justicia, de las mayorías del Legislativo, y de casi todas las entidades de la democracia, lanza dudas a través de los medios sobre las inversiones de los “multimillonarios recursos de Regalías”, asunto que confiesa que no entiende, según lo registra La W, pues que acuda a esas instancias para que le expliquen y con argumentos sólidos resuelva sus conjeturas e incurias.

En el rifirrafe, como lo bautizó La W, me gustó la respuesta del senador Temístocles Ortega, porque fue una cátedra primaria a su colega, cuando afirmó que “la Fuerza Pública está bajo la dirección y mando del presidente de la República y su ministro de Defensa, y no de gobernadores y alcaldes, si eso fuera así entonces, todos sin excepción, los gobernadores y alcaldes de Colombia, han fracasado en la seguridad, lo cual por supuesto es un exabrupto”.

Ojalá mañana las alertas de noticias que me llegan traigan mejores reportajes sobre este departamento del Cauca que tanto amamos y por lo mismo tanto nos lo hacen padecer.

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