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OSCAR CAMPO: ¿EL GOBERNADOR DE LA PAZ?

El martes 3 noviembre, 2015 a las 9:12 am
Marco Antonio Valencia Calle

MARCO ANTONIO VALENCIA CALLE

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Algo tiene que cambiar con la elección de un nuevo gobernante. La politiquería nos avergüenza. La corrupción nos avergüenza. La historia que identifica al Cauca y nos señala como zona roja nos avergüenza. La indiferencia de los viejos gobernantes por las preocupaciones de la gente en los pueblos nos llena de tristeza. Algo tiene que cambiar con un nuevo gobernador. Tanta vergüenza, tanta decepción, tanta tristeza, tanto señalamiento tiene que cambiar. Debe, debería, cambiar.

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No vamos a idealizar al gobernante. Los votos no hacen del hombre un dios, y su poder no es, ni será una varita mágica para decretar la paz en un territorio lastimado y herido por la guerra como el nuestro. Pero un gobernante con tanto respaldo popular puede ser un líder que haga la diferencia. Puede ser la persona que nos haga entender a todos la ganancia de vivir en paz. Tendrá a su disposición todos los medios para llevar un mensaje necesario y poderoso: el Cauca, tierra de paz.

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Queremos un gobernante serio y comprometido con la paz en el Cauca. Que escuche los quejidos y lamentos del hombre negro en los valles por culpa de la guerra, que sepa del dolor y la angustia del hombre indio en las montañas por culpa de la guerra, que no vuelva la cara a las denuncias y desesperos por la guerra que afecta los mestizos en veredas y ciudades. Que sepa y comprenda que la paz es mucho más que la palabra esperanza.

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Con la miseria y con el hambre imperando en los hogares de muchos caucanos, es y será muy difícil pensar que nos llegue la paz por decreto. Todos queremos la paz, soñamos la paz, hablamos y deseamos la paz, y rezamos cada noche frente al Dios de nuestros ancestros por un respiro de paz, pero con el hambre, con el analfabetismo y el desempleo instalado entre pecho y espalda esa paz no vendrá fácilmente, no se asomará fácilmente.

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Entonces, creemos que habrá paz cuando un gobernador sensible se meta de frente a combatir  la corrupción y haga algo cierto y contundente para darle salud, empleo, educación y comida a la gente. Cuando lidere políticas para defender los recursos naturales, haga florecer la agricultura en las fincas, la gente tenga hospitales donde ir a mitigar sus dolores, los niños encuentren escuelas con maestros en propiedad en sus veredas, y los medios de comunicación nos llenen los días de conocimiento y no de miedo.

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Muchos, pero muchos, esperan que el nuevo gobernador sea igual a todos los que conocemos en el territorio nacional. Uno de esos que deja pasar los días sin hacer nada para solucionarle el hambre a sus gobernados, como si la cosa no fuera con ellos. Uno de esos que se hacen elegir por vanidad o se dejan atrapar en el triángulo de las contrataciones y los intríngulis políticos para vender la dignidad del Cauca como si nada. Pero como caucanos confiamos. Y con la esperanza entre las manos, como se sostiene un Cristo confiamos. Confiamos tener ahora sí, un gobernante distinto.

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Si nos miramos al espejo, si ponemos a cada hombre y mujer que vive en esta tierra frente al espejo nos damos cuenta que es posible un Cauca en paz, pero hace falta educación. La educación debe ser primero, la educación debe ser bandera y semilla para el Cauca soñado. Y por eso necesitamos un gobernador que nos lidere, que nos inspire, que haga algo real y contundente por la educación; que nos devuelva el derecho a una educación de calidad para tener niños y jóvenes brillantes en favor de nuestros pueblos más allá del papel y las estadísticas. Pero también y sobre todo, que oriente una educación para la paz, para el perdón, para la reconciliación.

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Un gobernador que nos hable de oportunidades, de sueños, de ideales y proyectos por venir en el futuro es bueno, es bonito y hasta necesario. Pero eso no basta, queremos un gobernante de verdad. Un gobernador que nos devuelva la dignidad regional frente a la nación que nos señala como zona de conflictos. Un gobernante que nos devuelva la oportunidad de caminar sin miedo por nuestro propio departamento. Un líder que inspire el coraje de las nuevas generaciones a gobernarse a sí mismos y respete a los que están en favor de la vida y en contra de la violencia. Un mandatario que dé prioridad al diálogo y se olvide de las armas del Estado para resolver los problemas con aquellos que en medio de su angustia no encuentran otro camino que salir a protestar. Queremos un gobernante que entienda, que comprenda, que sepa, que respete. Que nos insufle a todos y a cada uno de sus gobernados la filosofía de la no violencia, de la paz. Sí, de la paz.

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