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OROS Y TIERRAS

El domingo 16 junio, 2019 a las 7:01 pm
OROS Y TIERRAS
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

OROS Y TIERRAS

Tatiana Montoya tenía que ser artista, soñadora. Va más allá de su mano y su imaginación para invitarnos a su exposición. Solo tengo la posibilidad de soñar la invitación. Ya he visto su cara, mas no la mano e imagino el oro y la tierra. Sobre todo miro afuera para ver la tierra y solo veo el asfalto. Hace falta salir de la ciudad para ver la tierra. Para ver el oro tendría que ir a un museo o a una iglesia.

Pero hago caso a la invitación y me traslado a la bella Villa de Leyva en Boyacá que ya conozco para admirar y felicitar a Tatiana. Solo los artistas son capaces de sacar del sueño el oro que es la tierra. Ella insiste en su invitación que «el verdadero oro es la tierra.»

Cuesta en estas grandes moles de cemento y argamasa ver la tierra, pisarla y besarla, sentirla refrescante en la mañana, caminando descalzos y sentir su humedad suave allá, en la planta de los pies. Poder salir, libre de la etiqueta de haberse duchado, peinado y engalanado para poder caminar libre de ir elegante con vestido planchado, almidonado y con zapatos lustrados.

Hoy he salido de pantaloneta verde oliva, camisón rojo marcado con una propaganda de Hilfiger-1985 y roja gorra para estar a tono.

No me distraigo mucho contando cómo salí vestido a mi diaria caminata. Estoy hablando de la invitación que me envió Tatiana de apellido muy antioqueño: Montoya. Para qué decir el otro apellido. Con este basta para saber de su abolengo y tierruca con su sabor como la llamó Pereda.

Hubiera querido ir otra vez hasta Villa de Leyva  a admirar la exposición que huele a cosas y objetos muy caseros. Ya lo insinúa en el nombre que le dio ella a su exposición. Oros y sobre todo Tierras, en plural. O sea, otros pueblos. Esa región boyacense guarda, -perdón- exhibe en cada plaza y cuadras y casas, con sus portones pintados y sus paredes antiguas, una verdadera exposición digna de gozarse.

Entre otras cosas, ir de nuevo a Villa de Leyva, sería como ir con otros ojos. Si se mira como obra de arte su visita sería casi una utopía. Esa típica e histórica villa lo es en toda su palabra. Serena, como una mujer, tradicional, una joya nacional, lugar de encuentros y personajes que la hicieron hito célebre. Guarda todavía hoy el sello de su historia que se siente, se huele y se ve en cada casa, hasta en su plaza empedrada.

Pienso en este momento que personajes y obras prolongan como Los Oros y Tierras de Tatiana a esta pequeña joya engastada en la tierra boyacense. Como pocas joyas cabe en la cuenca de la mano. Nadie la puede robar y es delicioso llegar allá y sentir la paz del clima, la quietud de la vida. Inhalar el humus de la tierra aún virgen. Lo sentí y probé.  

14-06-19                                    19:01 a.m.

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