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Martes, 28 de septiembre de 2021. Última actualización: Hoy

Organícense no todos pueden ser elegidos senadores

El miércoles 4 agosto, 2021 a las 9:22 am
Imagen cortesía de: https://bit.ly/37kl4KK

Organícense no todos pueden ser elegidos senadores

Cuando la “pobrecía” da papaya

Contrario al relato del uribismo y sus aliados de la centro derecha, replicado y amplificado hasta el hartazgo, por su vasta y eficiente red de comunicación (pública y privada), según el cual, todo funciona bien en Colombia y lo de las grandes movilizaciones de protesta; no es más que la manifestación anárquica de grupos marginales de vándalos, al servicio del comunismo internacional o del narcotráfico; existe, no solo un relato, sino una fuerte evidencia empírica, del surgimiento de un escenario de confrontación ideológica y próximamente, electoral, en el que se enfrentan, no solo las tendencias ideológicas de izquierda y derecha política, sino; las formas de ser y hacer política tradicional institucionalista, correspondientes a las viejas generaciones y las nuevas formas de deliberación y acción masivas de los jóvenes.

Este escenario, altamente politizado de conflictividad social, en el que se llevarán a cabo, las elecciones a congreso de la república y presidencia de Colombia, el próximo 2022; es el terreno en el que la juventud colombiana, tendrá que empezar a tomar las decisiones necesarias para emprender la construcción de un modelo político-económico diferente a éste, en el que cada día se amplía más la brecha entre las minorías groseramente ricas y unas amplias mayorías, más empobrecidas y sin ninguna incidencia en la toma de decisiones en el ámbito político-administrativo en todos los niveles territoriales.

Una de las decisiones, sino es que la más importante, que deben tomar las nuevas generaciones de colombianos, es la de pasar de la movilización social de denuncia, reclamo y protesta, al terreno de la lucha electoral, para acceder a los cargos de elección, previstos por el marco jurídico colombiano, para el ejercicio de la democracia representativa, aún si este proceso, tal y como se presenta hoy día, no cuente con todas las condiciones de imparcialidad y de transparencia, que se supone debería tener una reputada democracia como la colombiana, según el relato difundido por quienes han detentado y detentan el poder político y económico de Colombia.

A primera vista, tal decisión (la de dar el paso a lo electoral), no sólo ya ha sido considerada, sino que también ha sido asumida por las llamadas primeras, segundas y demás líneas de resistencia y otras organizaciones sociales convocantes, participantes y simpatizantes de las jornadas de protesta en Colombia, aún a sabiendas del preocupante manto de duda que cubre a la organización electoral y los entes de control colombianos. En este sentido, se está llevando a cabo una intensa agenda de encuentros y consultas, a fin de definir la manera en que los representantes de estas organizaciones, van a participar en las elecciones del próximo 2022. Allí está el detalle.

Para poder dar el paso de la movilización social, al ejercicio proselitista y electoral; estos nuevos actores sociales, devenidos en políticos, tendrán que decidir entre hacerlo como movimiento significativo de ciudadanos (recolección de firmas) o buscar el aval de algún movimiento o partido político con personería jurídica vigente. Paradójicamente, cualquiera de las opciones, representaría, al menos simbólicamente, tener que hacer parte de un sistema político del cual, ellos reniegan y señalan como causante de sus jornadas de protesta. En todo caso, tendrán que tomar una decisión, también expuestos a las rapaces garras de los políticos tradicionales, que a toda costa y con el apoyo de gobiernos locales, departamentales y del nacional, buscarán cooptar y manipular a estos nuevos y exitosos liderazgos sociales, en su empeño de mantener el poder, a punta de becas, apoyos, subsidios, programas, contratos y nombramientos.

Paralelo al permanente riesgo de la cooptación por parte de los políticos tradicionales, existe el problema de las selecciones internas que tendrán que hacer estos grupos de jóvenes y demás organizaciones sociales de base, para determinar quién o quiénes, los representarán en las listas inscritas para elecciones del congreso, habida cuenta de los requisitos formales que esos cargos requieren, entre los cuales, están los de edad mínima (30 años para Senado y 25 para Cámara)[1], así como la desventaja de no poseer los recursos económicos necesarios para enfrentar las inmensas fortunas que se gastan los y las de siempre en campañas electorales y acceso a medios, pero sobre todo, tendrán que encarar la definición de las cualidades, la preparación y la habilidad política que deberán tener estos nuevos aspirantes, para que puedan generar, sino unanimidades, sí, fuertes consensos, en torno a sus nombres y propuestas.

Finalmente, está la cantidad de aspiraciones. Parafraseando la canción del Gran Combo de Puerto Rico; no hay cama patanta gente. Es precisamente en la proliferación de aspiraciones, lo cual es un excelente indicativo de cambio, en donde se podrían presentar algunos inconvenientes, puesto que, por lo visto y oído hasta ahora; si bien es cierto que, existe una gran politización de estos movimientos juveniles, también existen importantes niveles de desconocimiento del funcionamiento del estado, que se reflejan en el hecho de atribuirle únicamente al Senado de la República, todas las posibilidades de incidencia en un real ejercicio de participación en las instancias de decisión del Estado colombiano, dejando de lado escenarios tan importantes como la misma Cámara de Representantes, la posibilidad de la circunscripción especial de víctimas, e incluso, otros espacios como las asambleas Departamentales, los Concejos distritales y municipales, lo mismo que la participación en la jornada de elección de los Consejos municipales de juventud.

Es comprensible la urgencia de un cambio en las formas de hacer política y de alejar del poder a propuestas tan controvertidas como las del uribismo, pero se debe tener cuidado, con no poner todos los huevos en una sola canasta y perder de vista que todos los cambios sociales, son producto de procesos, más o menos largos, que requieren de preparación académica, psicológica, comunitaria y hasta económica, para ir copando todos los espacios de control político y de decisión en todos los niveles territoriales; así lo entendió la derecha colombiana y por eso han llegado a todos esos espacios. Los votos del uribismo y de sus aliados de centro, salen de sus juntas de acción comunal, de sus plataformas juveniles, municipales y departamentales, sus concejales, diputados, congresistas, alcaldías y gobernaciones.

Se requiere un urgente cambio, pero, por lo que más quieran jóvenes no cometan nuestros errores: ¡ORGANICÉNSE; ¡NO TODOS PUEDEN SER ELEGIDOS SENADORES!


[1] Artículos 172 y 177 de la Constitución Política de Colombia.

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