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¿Ordoñez? ¿Presidente? No me suena.

El lunes 12 junio, 2017 a las 11:45 am
Juan José Muñoz / @JuanMunozCh

Juan José Muñoz / @JuanMunozCh

Alejandro Ordoñez Maldonado, anunció hace poco su candidatura a la Presidencia de la Republica, a través de firmas para “defender a la familia” y “no permitir más ataques a la democracia”. ¡Este candidato no me suena!

Si hacemos memoria, se sabe que el compró su reelección como procurador a través de puras clientelas, pretendió usar su cargo para atacar con argumentos infundados a sus opositores, sancionó sin pruebas a políticos, que por cierto le costó un ‘platal’ al Estado cuando ellos contrademandaron, y nombraba familiares, con sueldos altísimos, de quienes habían votado por él para su elección; además de eso, creó un decreto a través de la Procuraduría para garantizar un sistema de seguridad por cuatro años, para exprocuradores y sus familias, que hasta a nietos de ellos les correspondía.

Uno no puede ser honesto de día, y corrupto en la noche; o es lo uno o es lo otro (pero no usar una de ellas cuando le conviene).

Ordoñez proyecta imponer un modelo tradicional y ultraconservador de la familia, atacar la corrupción (que nunca ha dejado de promoverla por debajo de cuerda), y “hacer trizas el acuerdo de Paz” en compañía de sus amigos uribistas, que ya lo sacaron por la puerta de atrás para ser su candidato, y por eso le tocó ‘a punta’ de firmas.

Él quiere llegar a la Presidencia con la idea de cambio y renovación, esa misma que él no representa, pero sí le quedaría bien el disfraz de zorro, exhibiendo al diablo interno que lo motiva con la idea loca de llegar a la Presidencia.

Personas ‘tipo Ordoñez’ son las que al país le sobran y no necesita, con ideas inquisidoras, que retratan el ataque a las ideas y perspectivas que no siguen su misma tradición conservadora; él encarna, a través de sus actitudes, la conclusión de un acérrimo sentimiento de sectarismo, continuismo y corrupción.

Una campaña de él tendrá el sello proselitista sucio y mentiroso como todas y cada una de las afirmaciones que hace, al igual, estampillada por los ideales del Opus Dei, el sector más conservador (y a veces discriminador) de la Iglesia Católica al cual él pertenece, y la ultraderecha conservadora que, como parte de sus convicciones, marcará por estar basada en la religión, y apegado a los dogmas de su moral.

Tenemos que defender a Colombia, a la democracia; elegirlo significaría retroceder en lo alcanzado, sería continuar en la misma tradición política que ha regido siempre, y sería promover la corrupción camuflada como oveja.

Indiscutiblemente, ‘Coscorrones’, ‘Ordoñez-Uribitos’, son lo que no necesitamos, ni queremos, ni podemos permitir que se tornen en contra de la Paz (y a favor de la ‘mermelada’). Ni la política del coscorrón, ni de bala, y menos volver a la época de la inquisición resulta favorable en víspera del ineludible deseo de acabar con la corrupción que ha desangrado a Colombia, casi igual que el conflicto armado.

¡No firmo por Ordoñez, y no voto por él!

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