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Optimismo

El miércoles 18 junio, 2014 a las 10:58 am
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Por: Diógenes Díaz Carabalí.

Colombia ha superado una difícil etapa, venida de la campaña electoral donde se pusieron sobre la mesa la radicalidad de posiciones frente al modelo de país que queremos. Finalmente se impuso el deseo de reconciliación, de poner fin a un conflicto que a estas alturas es el más viejo del hemisferio, que persiste pese a que han desaparecido las causas objetivas que lo provocaron. Al fin de cuentas el país de hoy es otro, no tanto porque lo hayamos querido, más bien, debido a la dinámica misma de su desarrollo. El país ha rechazado volver a la agresividad del pasado, a la estigmatización del pasado. Bien pueden ahora sentarse juntos Álvaro Uribe Vélez y Jorge Enrique Robledo a llorar con su pesimismo, a renegar de su suerte de reivindicadores banales, a sentir en carne propia su frustración de auténticos escépticos.

Es hora del optimismo. Del optimismo que llena “todo el cuerpo” de Nairo Quintana. Del optimismo con que salen a la cancha los 23 futbolistas que nos están representando en el mundial de Brasil 2014. El mismo optimismo de doña Mechas, la anciana de Villavicencio, que tiene muy claro cuál debe ser el propósito de los colombianos al conseguir la paz: “Hay que recibirlos bien (a los guerrilleros), hay que mostrarles amor, hay que darles oportunidades si queremos la paz”. Es la época de reconocer el esfuerzo anónimo de tantos colombianos que con el trabajo diario aportan por el bienestar de todos, época para manifestar nuestro respeto a policías y soldados que se desvelan por protegernos, tiempo para reivindicar a los maestros que en condiciones tan adversas han dejado marcada su enseña en beneficio de nuestros jóvenes; tiempo para entender el papel de las mujeres en la conformación de nuestra sociedad, tiempo para estimar la labor de curas y pastores por convertirse en la conciencia moral de la patria.

Es una época de convivencia para permitir que los críticos ejerzan su función sin temor a ser señalados como conspiradores, mucho menos asesinados. Tiempo para que quienes tengan inconformidad la manifiesten por los canales que permite la democracia, en el tenor del respeto por el otro, por las ideas ajenas. Es tiempo para que la prensa informe y comente sin sesgos los acontecimientos de la actualidad sin que sus actores sufran persecución por sus posiciones, ni de parte del estado ni de parte de los dueños de los medios. Es tiempo para que todos podamos construir un país reconciliado, que no está tanto en la firma de tratados de paz, sino en la capacidad de asimilar que cada uno de nuestros compatriotas es diferente, pero que se puede unir múltiples intereses en crear potencialidades de progreso y desarrollo justo y equilibrado.

Colombia necesita ampliar su democracia, que de una vez por todas se termine con el fenómeno de la estigmatización, de los calificativos agresivos contra quien no está de acuerdo con nuestras posiciones. También debe atender frentes prioritarios para su desarrollo como la educación, los sistemas de prestación de los servicios de salud, el proveer los servicios básicos a una importante franja de la población, el mejorar las condiciones de habitabilidad en campos y ciudades, el hacer de la justicia un elemento de convivencia y seguridad ciudadana. Son aspectos que deben liderarse desde el gobierno, pero que también involucra a todos, y sin duda en un futuro cercano tendremos un país mejor.

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