Miércoles, 23 de septiembre de 2020. Última actualización: Hoy

Opinión razonada o información manipulada

El martes 15 septiembre, 2020 a las 2:06 pm

Opinión razonada o información manipulada

Por Oscar Manuel Urrego R Email: ourrego@yahoo.com
Por Oscar Manuel Urrego R
Email: ourrego@yahoo.com

            Una parte importante de la sociedad no conoce las organizaciones sociales y comunitarias. La fuerza de estas organizaciones puede ser enorme pero muchas veces es invisible. Lograr visibilidad no significa solamente aparecer y participar en los medios tradicionales de comunicación -prensa, radio, televisión-. Significa también, tener acceso a mejores formas de negociación para el logro de objetivos y consecución de recursos humanos y financieros. Esto es, que las organizaciones sociales sean reconocidas como un referente de temas específicos en contextos regionales y hasta en ámbitos internacionales, lo que significa empoderarse para poder negociar en igualdad de condiciones y sus aportes sean reconocidos por su valor real y no supuesto.

            Factores que permitirían visibilidad son los que tienen que ver con el diseño de estrategias y prácticas de comunicación pertinentes para interactuar entre los distintos públicos con los que dichas organizaciones sociales se relacionan. De ahí que la comunicación sea imprescindible para las organizaciones sociales y comunitarias, toda vez que les facilita encarar: imagen institucional, visibilidad pública, credibilidad y legitimación; pero ante todo, las convierte en generadores de opinión pública, esa especie de tejido social donde los individuos entrelazan  consensos y disensos, adaptaciones y desafíos, imágenes y discernimientos, así mismo robustecen o refutan formas de pensamiento que calan según la época. No obstante, la opinión pública, según el periodista italiano Giovanni Sartori, es “una opinión razonada y bien informada”, que persistentemente es manipulada por una élite ostentosa y por guetos agazapados en los clubes, desde donde tienen acceso y control inmediato a los grandes medios de comunicación de una nación. Es esta una realidad estructurada por las noticias que suministran los periodistas sobre los hechos y situaciones cotidianas, que seguidamente los editores informativos seleccionan en el día a día con la premeditada intención de influir en las percepciones de los individuos.

            Así es como la opinión pública tiene por sujeto al público, a los ciudadanos que en la generalidad se manifiestan receptivos, sumisos, manejables y hasta insensatos y mediatizados por las élites y los grandes aparatos de información, en donde la mayor parte de los conocimientos que la ciudadanía tiene sobre los asuntos públicos y, especialmente, sobre los fenómenos sociales o necesidades inmediatas del entorno, terminan cautivando nuestra atención y, por lo tanto, no brotan de experiencias propias y personales, sino de los diversos canales de comunicación que actúan como principal fuente de información.

Esto no es un secreto en los medios de información, según el periodista estadounidense Walter Lipmann: “el público recurre a las pistas de relevancia que le ofrecen los medios para organizar su propia agenda y decidir cuáles son los temas más importantes en la consideración pública. La agenda de los medios de información […] se transforma en opinión pública”. En efecto los mensajes divulgados, la información en sentido formal, o sea, las noticias que influyen en nuestras vidas habituales, aunque sus contenidos puedan ser objetivos, en general siempre están sutilmente manipulados por las empresas o por los propios periodistas, pretendiendo inevitablemente efectos de cualquier índole, que a la postre no son favorables para la mayoría en una sociedad.

            Siendo así, las organizaciones sociales y comunitarias deben empoderarse para asumir acciones tendientes al fortalecimiento de sus colectivos, mediante el uso de estrategias de comunicación de carácter comunitario que propicien el desarrollo económico, político, tecnológico, ambiental o cultural.

Esto es factible toda vez que la Ley consagra el uso de medios alternativos y comunitarios que permiten potencializar y difundir principios misionales organizativos que redunden en el desarrollo de la sociedad, y que están sustentaos en intereses y experiencias propias de las comunidades –poblaciones diversas, discapacitados, victimas, etnias, minorías, cooperativas, asociaciones etc.– que aglutinadas en múltiples organizaciones luchan por el bienestar y la justicia; de esto hay algunos ejemplos en nuestro entorno que bregan día a día por alcanzar sus propósitos, verbi gracia este periódico regional que es fruto de Alfonso Luna Geller, un vehemente ciudadano quilichagueño y su familia, que aglutinados alrededor de la expresión juiciosa y responsable del acontecer comarcano, y que desde la diversidad ideológica acrisola temas de nuestra propia actualidad, los cuales no tienen cabida en grandes medios de comunicación nacional porque no generan opinión pública, mientras en el ámbito local representan el reflejo de lo que somos y cómo somos.

            Tomemos como referente la actual pandemia que vive el mundo, la opinión pública gira en torno a ella, y, particularmente en Colombia el conocimiento que disponemos en torno al coronavirus es vago y esquivo, ni siquiera calculamos la gravedad que comporta el virus de llegar a atacarnos. A pesar de  estar informados por distintos medios y redes sociales, hoy la opinión colectiva frente al Covid-19 es difusa y engañosa, es más, dudamos de sus efectos mortales y nos consideramos inmunes. Pero la culpa no es nuestra, es de la “opinión pública”, esa opinión que refleja el imaginario diseñado por un grupo élite que nos seduce y mantiene viviendo una pseudo-realidad plagada de sacrificios y falsas ilusiones. Y como si fuera poco, a diario brotan comentarios y elucubraciones muy distantes de lo real, a través de incontables redes sociales y múltiples canales de comunicación, que bien se pueden considerar de desinformación y deformación, como las ya conocidas y nefastas “fake news” que aumentan la confusión y el desasosiego entre los ciudadanos.

            En medio de esta pandemia ha llegado el momento para que las organizaciones sociales que se mueven dentro de una cultura oral, como la que se vive preponderantemente en las regiones de Cauca y Colombia -travesada por las lógicas y las seducciones que establecen los grandes medios masivos de comunicación-, encuentren el camino adecuado para desarrollar las potencialidades de la libre expresión y, de paso, reconstruyan las relaciones de confianza entre las colectividades y sus semejantes, tal y como corresponde a todos los seres independientes y autónomos que disfrutamos del privilegio de habitar este planeta.

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