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Domingo, 18 de agosto de 2019. Última actualización: Hoy

Onigiris, meditaciones y el facilismo de los domicilios

El lunes 25 febrero, 2019 a las 8:30 am
Homenaje a Karl Lagerfeld en la cloud

Por Jorge Ruíz Morales

Por lo general, no siempre, los domingos salgo a comprar pandebonos o buñuelos para el desayuno, a un sitio que queda aproximadamente a tres cuadras de distancia, voy, veo gente, a veces oigo música y llevo a mi perrito Cristo. También voy a la tienda que queda ahí abajo a comprar víveres. Ayer, mientras pagaba unos huevos y un jugo, la señora cajera hablaba por teléfono, estaba apuntando un domicilio, “Un tomate, una cebolla y dos bananos, vecina”, me quedé esperando y la oí decir que a donde debía llevar el domicilio era ahí al lado, precisamente al lado del apartamento. El gallardo y proactivo cliente estaba pidiendo un domicilio a la tienda que quedaba a dos pasos de distancia. Sonreí, me despedí y desayunamos delicioso.

Ningún momento es mejor para meditar que cuando uno lava los platos, me encanta hacerlo, me acordé de lo ocurrido el fin de semana, del mercado financiero y del sitio al que fui a comer el viernes, se llama Kurenai, es relativo a toda la cultura manga y anime japonesa, es hermoso, las meseras están vestidas como las maid del distrito Akihabara en Tokio. Comí onigiris en forma de oso panda, gyosas y el kurenai maki, la delicia total, buen sitio temático para que lleven a sus niños y niñas. 

El sábado preferí caminar en vez de pedir a domicilio, y luego el domingo la carrera 19 estaba atestada de bicicletas con la cajita anaranjada. Pensé en cuánta gente solicitaba domicilios, un tomate, un jugador de fútbol o una revista, caí en cuenta que el color anaranjado de las calles es directamente proporcional al nivel de pereza de la sociedad. De ahí el éxito.

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