Domingo, 16 de mayo de 2021. Última actualización: Hoy

Ojos de sal

El viernes 9 abril, 2021 a las 1:21 pm
Imagen Apoyo: https://boliviatravelsite.com/

Ojos de sal.

MARCO ANTONIO VALENCIA CALLE

En cuarto grado teníamos que cerrar los ojos y recitar de memoria, al igual que las tablas de multiplicar, los municipios de la subregión sur del departamento del Cauca: Patía, Bolívar, Sucre, Argelia, Almaguer, Mercaderes, Florencia, San Sebastián y Balboa.

En grado quinto, mi papá, Marco Antonio Valencia, me dio de regalo un paseo por algunas de estas localidades, donde saludamos primos, conocimos gente, probamos comidas y escuchamos historias.

En Balboa visitamos a un profesor jubilado, casi ciego, que nos habló de los ojos de sal y los sindaguas, mientras comíamos “melcocha” con maní comprada en Mercaderes:

—El río Patía, antes de la llegada de los conquistadores, se llamaba río Cedros. Los españoles, además de esclavizar y evangelizar indígenas, les cambiaron el nombre a muchos sitios, como si el mundo no hubiera existido hasta su llegada.

»Previo a su arribo, todos los pueblos aborígenes se daban sus mañas para vivir al borde de los ríos o afluentes. Hoy todavía tenemos, en el valle de Patía, unos ojos de aguasal —o nacimientos de agua salada— de donde los nativos sacaban el líquido para ponerlo a evaporar al sol, hasta que quedaba la sal pura, como si fuera arena o miga de pan. Tanto para los sindaguas como para los españoles y los negros que llegaron al valle en el siglo XVI, un manantial de esta sustancia era tan valioso como una mina de oro.

»Los colonos mejoraron la técnica: hervían el agua en vasijas de arcilla e hicieron ramadas para almacenar la sal. Luego la transportaban en mulas y la vendían o intercambiaban por algodón, comida o coca. Con el tiempo, este negocio artesanal quedó en manos de indígenas ingobernables, mientras que los colonos y hacendados se dedicaron a las minas de oro. Después llegaron los negros cimarrones para trabajar en busca de uno y de otro. Allí, en la vereda de Méndez, en el corregimiento de Capellanías, entre Bolívar y el Patía, hay todavía un buen lavadero del producto. Yo creo que a ese sitio es al que los españoles llamaban el “Pueblo de la Sal”.

»Con el fin de explotar el oro y “el condimento”, los conquistadores bregaron mucho para someter a las tribus sindaguas y chapanchicas, aunque nunca lo lograron. Eso no lo cuentan, pero así fue. ¡Aquí no pudieron, aquí tuvieron que darse por vencidos!

»Incluso, se relata que los indígenas, en 1592, les destruyeron a los españoles la villa de Madrigal, lugar desde donde controlaban las explotaciones de las minas. Eso los enfureció y desataron una carnicería terrible: en un sitio que se llama El Castigo, años después, mataron a garrote a más de seis mil sindaguas. Los que quedaron vivos se fueron río abajo y se camuflaron con los indios barbacoas. Prefirieron morir o huir de su tierra antes que rendirse. ¡Eran nativos con carácter!

»En las crónicas de Indias se menciona que los sindaguas no tenían lengua común, andaban desnudos y usaban dardos con veneno; que eran belicosos, holgazanes y bebedores por naturaleza. Sin embargo, no se cuenta que los conquistadores nunca pudieron someterlos.

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Te invito a visitar mi página web: www.valenciacalle.com

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