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Ojo al parque

El miércoles 3 mayo, 2017 a las 2:44 pm

Vistazos

«Ese desprecio por las dificultades que afronta Santander de Quilichao (me perdonan si exagero) son una sumatoria complicada y un caldo de cultivo para que lo que está mal se vuelva peor».

Lo anterior lo leí, no hace mucho, no sé en dónde, pero viene como anillo al dedo al momento actual de Santander de Quilichao.

Los quilichagueños, así sea por adopción, que ya hemos recorrido buen trecho de nuestras vidas, sabemos quién fue el inolvidable «Corosito«.

Para quienes no lo saben, me parece que no es mala idea contarles que fue un pintoresco personaje, que hace ya algunos años, tal vez muchos, nos hizo disfrutar del Parque Santander como nunca más lo volvimos a vivir desde que él se fue de este mundo.

«Corosito», agurdientero como el que más, morocho de baja estatura y de contextura escuálida, dedicaba todo el día a mantener en estado impecable y atractivo nuestro parque principal. Especialmente en el estado de árboles y toda clase de plantas era, incluso, exageradamente riguroso.

Era un jardín

Las flores de entonces constituían un jardín al que valía la pena visitar, además de que los prados todos permanecían siempre dignos de felicitación a su «cuidandero», o «podador», el inolvidable «Corosito».

Este personaje de entonces, quien por supuesto recibía emolumentos de la Administración Municipal, hacía, sin embargo, su trabajo más por el cariño a las plantas y a Quilichao que por cualquier otra cosa.

No obstante que, y también hay que decirlo, casi siempre laboraba «a media caña», con sus aguardientes entre pecho y espalda y con una media del embellecedor caldo etílico en el bolsillo de su pantalón.

Es que, recordemos, fue un personaje típico de la población.

El parque hoy

Ay… si «Corosito» en su más allá viera el Parque Santander de hoy, seguro se levantaría y vendría a hacer lo que él, no obstante su flaco estado físico hizo con tanto amor, como para dejar un recuerdo imborrable.

Y más aún, para seguir bebiendo caldo etílico y para con el alto parlante de su débil grito criticar y quejarse por la ineptitud y la desidia de quienes hoy están al frente de la Administración Municipal y tienen a su cargo el buen estado del parque, pero que parece no entender la importancia de ese antejardín, que es el Parque Santander para el despacho municipal y, además, el sitio preferido de niños y adultos para sus ratos de esparcimiento.

Carajo –y perdonen la expresión– es que este parque principal de hoy es una miseria, da lástima y causa disgusto a todos quienes esperamos, algún día, esa belleza que no solo nos acostumbró «Corosito», sino a la que tenemos derecho todos.

El parque, vaya este mensaje a quienes corresponda, hay que recuperarlo, porque, repito, es una miseria y hay que cuidarlo de tanto vándalo que se aprovecha de la falta de autoridad que padecemos en Quilichao para dar rienda suelta a su espíritu destructor.

Y si a todo lo anterior agregamos la complacencia de la oscuridad, que es la constante del parque, pues ya no se podrá decir «apagá y vámonos», sino que difícilmente se podrá visitar, porque hace rato está apagado y su vida expira.

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