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Ojalá

El domingo 15 diciembre, 2013 a las 11:43 pm
Alfonso Luna Geller - web

Por: Alfonso Luna Geller

La semana pasada el Gobierno nacional anunció que quedó listo el proyecto de infraestructura más importante del occidente colombiano, la doble calzada Popayán – Santander de Quilichao, en el cual se invertirán $1,2 billones, asegurando que se van a crear cerca de 6.000 empleos en la ejecución de la obra, que deberá estar culminada en cuatro años. El pronóstico prevé, además, que “apalancará el desarrollo y la competitividad de esta región del país”.

Con la visita que el jueves pasado hizo la vicepresidente de Estructuración de la Agencia Nacional de Infraestructura, ANI, Beatriz Eugenia Morales, para entregar los detalles, el gobernador Temístocles Ortega Narváez, manifestó su beneplácito por la construcción de esta mega-obra, indicando que era esperada hace mucho tiempo.

En el Salón de los Espejos de la Gobernación del Cauca explicó la funcionaria que “el proyecto, perteneciente a la Cuarta Generación de concesiones, comprenderá el mejoramiento de la vía actual con mejoras de seguridad, con lo que se ampliará la capacidad, comodidad y nivel de servicio de la vía. Igualmente, se construirá una segunda calzada en la vía Popayán – Santander de Quilichao, que tendrá una longitud cercana a los 76 kilómetros. Se construirán cerca de 3 kilómetros entre puentes, pontones, viaductos y pasos superiores. Además se tendrán cuatro intercambiadores nuevos que se suman a los 3 existentes, retornos con distancias máximas de 5 kilómetros, y variantes a los pasos poblados”, en fin.

Un proyecto realmente alentador para el ancestral atraso que evidencia el departamento del Cauca en relación con el promedio nacional.

Pero, yo pongo un ‘pero’, porque recurrentemente el departamento del Cauca ha sido ‘víctima’ de otros muchos anuncios de grandes inversiones, que han inducido a la frustración y desconfianza popular porque nadie sabe qué pasó con los dineros públicos dilapidados ni se esclarecieron responsabilidades; ha habido muchos damnificados y evidente impunidad frente a la corrupción detectada.

Algunos ejemplos que recuerdo: en 1983, con la construcción de la represa La Salvajina con el fin de regular el caudal del río Cauca, incorporando más de 100 mil hectáreas de terrenos y generando energía superior a 300 mil kilovatios, se produjo el desplazamiento de más de 3.000 familias que vivían en esas áreas de la explotación del oro, y el Cauca perdió el manejo autónomo de sus recursos naturales, situación aberrante que se denunció con prontitud y coraje, pues de la electricidad que genera la Salvajina, el Cauca no recibió ni un kilovatio y los dineros que se pagaron en contraprestación, se esfumaron, nadie sabe nada de nada, ni los dirigentes de la época que andan pregonando que nunca se han robado ni un peso.

En esos mismos años se alborotó a todo el mundo con el cuento de la instalación en Caldono de una planta productora de celulosa (papeles finos) a partir del bagazo del fique, con inversiones superiores a los 1.000 millones de pesos provenientes del Gobierno de Italia, que solucionaría definitivamente el problema de los agricultores indígenas de la región; desapareció el proyecto y el dinero; hoy Caldono tiene aquel elefante blanco, una derruida construcción que se inició para la planta, que hoy es un monumento erigido al despilfarro e irresponsabilidad de los líderes de la época. Casi simultáneamente, para los negros del norte se impulsó con bombos y platillos durante varios años el proyecto redentor: la construcción de Papelcol, empresa productora de papel a partir del bagazo de la caña de azúcar, que se iba a instalar en Caloto, y cuya construcción estuvo a cargo de la empresa Pinsky y Asociados desde 1983. ¿Se imaginan en dónde quedaron las supuestas inversiones del gran engaño? En ninguna parte, obvio, y ningún dirigente de la época da explicaciones sobre la gran defraudación.

Y así sucesivamente, está ocurriendo con la vía Panamericana en la concesión Malla Vial del Valle del Cauca y Cauca, que desde el año 2000 ha realizado inversiones de rehabilitación y mejoramiento de la calzada Popayán-Santander de Quilichao, la construcción de la variante en este último municipio y los intercambiadores que la conectan con el tronco principal de la Ruta 25 y la doble calzada que conduce a Cali, pero increíblemente, 13 años después no ha sido posible que terminen la obra en este punto de Santander de Quilichao, fuera de las afectaciones de tipo ambiental y socio-predial que crearon en esta área. Pero si esto es poco, vamos a completar dos años de ocurridos los perjuicios ocasionados por terroristas sobre los puentes del río Ovejas y río Piendamó, y más recientemente sobre el río Mandivá, que no pudieron arreglar; entonces, si opera la lógica, y aplicamos la regla de tres, que sigue siendo válida en asuntos matemáticos, para construir los 23 puentes nuevos que anuncian, entonces se gastarán mínimo 46 años.

¿Qué sacamos con recordar los detrimentos causados por la estafa contra los caucanos a través de Probolsa, cuando se nos robaron más de 11 mil millones de pesos? Sigue la impunidad. Ahora nos anuncian, como novedad, otras historias trilladas y no cumplidas: se inició el trabajo de actualización y viabilidad ambiental y económica y de aprovechamiento hidroeléctrico de los ríos Patía, Juanambú y Rio Mayo, para construir la Hidroeléctrica del Patía; el Gobierno Nacional dijo hace poco que al fin le dará “luz verde” a este viejo anhelo, que tiene aprobados sus proyectos de factibilidad hace más de 35 años, amanecerá y veremos! Lo mismo ocurre con la Central Hidroeléctrica de Julumito, proyecto que cuenta con estudios desde hace 33 años (realizados por Cedelca, Icel y la Agencia de Cooperación Japonesa en 1981), otro cuento bien echado como el del proyecto hidroeléctrico “Arrieros del Micay” para el cual, en 1988, la CRC presentó el estudio de factibilidad a ISA, Planeación Nacional y al Ministerio de Minas y Energía, que había costado (el estudio, se entiende) 1.065 millones de pesos.

Sería interminable enrostrando las causas el atraso y subdesarrollo del Cauca, a pesar de los grandes proyectos y el gran flujo de recursos, porque contrariamente a lo que ocurre en otras regiones, acá el anuncio de un mega-proyecto da temor, porque han creado magnas frustraciones, como ocurrió con las expectativas sociales creadas como resultado de la aplicación de la famosa Ley Páez, que a fin de cuentas solo favoreció a algunos alcaldes y concejales corruptos que ‘negociaron’ impuestos de industria y comercio adicionales a los especificados en una ley que no otorgó ningún beneficio en la recuperación de las comunidades afectadas por la avalancha del río Páez y posterior terremoto de junio de 1994, fenómeno que dejo unos 1.100 muertos y más de 45.000 damnificados en el oriente del Cauca, para quienes nada tuvo que ver la ley 218 de 1995; ojalá no ocurra con el nuevo proyecto que se está anunciando por 1.2 billones de pesos. Ojalá que no ocurra lo mismo que en 1996, cuando se constituyó la Promotora de Inversiones para el Cauca S.A. con el auspicio del Ministerio de Desarrollo Económico, en cabeza de Rodrigo Marín Bernal, que avaló el nombramiento de Manuel Mosquera Castro como el gerente de Promocauca S.A. con un capital inicial de dos mil millones de pesos. Nunca se supo qué pasó al fin con la gloriosa “Promotora” pero nadie reintegró la platica pública.

Es más, sin haber comenzado, ya huelen maluco los proyectos aprobados por el Gobierno nacional a través del contrato plan para el norte del Cauca, cuyo valor presupuestado asciende a 622 mil millones de pesos, para ejecutarlos en los próximos tres años (16 proyectos para 13 municipios: Buenos Aires, Caldono, Caloto, Corinto, Guachené, Jambaló, Miranda, Padilla, Puerto Tejada, Santander de Quilichao, Suárez, Toribío y Villa Rica). Y cuando algo comienza a oler mal, seguramente es porque está comenzando a podrirse, paradójicamente, sin haber nacido, como todos los ejemplos anteriores.

Por si las moscas, y con base en los múltiples antecedentes, propongo que las juntas de acción comunal y líderes cívicos, comiencen a organizar veedurías ciudadanas como mecanismo que permite a los ciudadanos o a las diferentes organizaciones comunitarias, ejercer vigilancia sobre la ejecución de proyectos y contratos, porque la burocracia oficial, ejecutora y de control, ha demostrado total incapacidad para defenderlos. Veedurías que además fortalezcan la participación ciudadana y comunitaria en la toma de decisiones, la gestión de asuntos que afectan a las comunidades y el seguimiento y control de proyectos de inversión, y de otro lado, que velen por que las acciones estatales sean pertinentes, oportunas, lícitas y ajustadas a la técnica. Además, se constituyen en las entidades encargadas de presentar informes, denuncias, demandas y acciones escritas a las autoridades competentes.

Ojalá que las comunidades hicieran uso de las herramientas legales que tienen para su propia defensa; sé que las desconocen o no las utilizan debidamente, porque no han operado. Ojalá que esto se haga, ojalá que iniciemos una nueva historia en el Cauca y entre los ciudadanos logremos aportar el desarrollo que fueron incapaces de realizarlo los encargados por elección popular y que nos condujeron, a pesar de los proyectos y los recursos, a ser el departamento más atrasado de esta nación, con irrespeto hacia el Chocó, que trata de arrebatarnos nuestro Inri.

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