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ODA ABORIGEN

El martes 7 enero, 2014 a las 10:37 pm

A la chirimía caucana “Los Gavilanes”

Martes 7 de enero, 2014
De: Mario Pachajoa Burbano
mariopbe@gmail.com
Popayán, Red Patoja

Amigos: Maruja Vieira nos ha enviado un poema del poeta José María Vivas Balcázar «Oda Aborigen», escrito en honor de la chirimía caucana «Los Gavilanes». Nuestros agradecimientos para Maruja.

Cordialmente,

***

ODA ABORIGEN

  • A la chirimía caucana “Los  Gavilanes”
  • De José María Vivas Rodríguez
  • Enviado por: Maruja Vieira

Dioses terrestres de la agricultura;
alpargata de nieve, rudo anaco
con chumbe tricolor a la cintura.

Rostros de soledad, donde el sombrero
con doble aureola de su sol opaco
limita a un rey ausente y verdadero.

Cuando toman sus manos los tambores,
el pífano selvático y la flauta
oigo nacer extraños resplandores.

Maderas de los bosques, piel salvaje
de alguna grácil cervatilla incauta
dicen cosas oscuras sobre el traje.

Melodías como agua misteriosa
de piedra azul en flauta y ocarina
abren mi corazón como una rosa.

Un gavilán que chilla nos advierte
que en cardos y que en lumbre y en neblina
le dio al jazmín de la paloma, muerte.

Yo los miro y los oigo. Voy con ellos
caminando senderos ya borrados
por montañas de piedra y por destellos

de nieve, lago, cráteres, azufre,
a recoger los pasos apagados
de antigua estirpe que pasó y que sufre.

Un ave canta y al cantar se sabe
que en Silvia, en Sotará y en Coconuco
el cielo es lumbre que nació del ave.

Suena un tambor… Cayó una catarata….
Un indio escucha en el breñal… Bambuco,
tu pedregal que nos volvió de plata.

Estos son los que andaban con el canto,
con ojos tristes y con soledades,
por montañas enorme, donde el llanto

de algún arroyo se quedó prendido
a su flauta, carrizo de orfandades,
hilo de estrella que captó el oído.

Son los que a las orillas de algún río
con gigantes vertientes de violeta
encontraron un arpa en el rocío.

Manos que defendieron sus senderos
con honda, con antorcha, con saeta,
con ojos duros y con labios fieros.

Manos vibrantes sobre los tambores,
piedra con alas para el enemigo,
venablo en vuelo para los dolores.

Hombres de barba rubia los vencieron.
Dioses rebeldes, duermen bajo el trigo
y la nieve y las piedras que movieron.

Pero no los mataron. Y algún día
su solitario corazón que duerme
hará danzar sobre su tierra inerme
el pie estrellado de la poesía.

José María Vivas Balcázar

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