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El domingo 27 abril, 2008 a las 12:20 pm

Nunca es Tarde

A quienes se preguntarán si los más grandes sanguinarios y terroristas del mundo que han cometido delitos de lesa humanidad, sembrando la desesperanza y el pánico con sus aberrantes actos tendrán perdón de Dios: ante los ojos del Señor nunca es tarde para arrepentirse de sus pecados, por más grandes que sean, por lo tanto por la misericordia divina pueden ser perdonados siempre y cuando se arrepientan y se conviertan abandonando la vida de pecado llevaban.

Es muy posible que quienes estén haciendo el curso de jefes de calderas para el infierno puedan recibir el perdón si se reconcilian de corazón con Dios. Nadie es capaz de lograr que lo pasado no haya ocurrido; ni el mejor psicólogo puede liberar a la persona del peso del pasado. Sólo lo puede lograr Dios, quien, con amor creador, marca en nosotros un nuevo comienzo: esto es lo grande del sacramento del perdón: que nos colocamos cara a cara ante Dios, y cada uno es escuchado personalmente para ser renovado por Él.

Quizá algunos de ustedes han experimentado la duda y la confusión; quizá hayan vivido en carne propia la tristeza y el fracaso cometiendo pecados graves. Éste es un tiempo de decisión. Ésta es la ocasión para aceptar a Cristo: aceptar su amistad y su amor, aceptar la verdad de su palabra y creer en sus promesas. Y si a pesar de sus esfuerzo personal por seguir a Cristo, alguna vez somos débiles no viviendo conforme a su ley de amor, a sus mandamientos, no se desanimen! Cristo nos sigue esperando! Él, Jesús, es el Buen Pastor que carga la oveja perdida sobre sus hombros y la cuida con cariño para que sane.

Gracias al amor y misericordia de Cristo, no hay pecado por grande que sea que no pueda ser perdonado; no hay pecador que sea rechazado. Toda persona que se arrepiente será recibida por Jesucristo con perdón y amor inmenso. Sólo Cristo puede salvar al hombre, porque toma sobre sí su pecado y le ofrece la posibilidad de cambiar.

Siempre, pero especialmente en los momentos de desaliento y de angustia, cuando la vida y el mundo mismo parecen desplomarse, que no encontramos salidas a nuestros problemas por más difíciles e insolutos que parezcan, no olvidemos las palabras de Jesús: “Venid a Mí todos los que estáis fatigados y oprimidos, que Yo os aliviaré. Tomad sobre vosotros mi yugo y aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas, pues mi yugo es suave y mi carga ligera.”

Como cristianos que somos, debemos ofrecer nuestros recuerdos al Señor. Pensar en el pasado no modificará la realidad de nuestros sufrimientos o desengaños, pero puede cambiar el modo de valorarlos. Los jóvenes no llegamos muchas veces a comprender completamente la razón por la que los ancianos vuelven frecuentemente a pensar en el pasado ya lejano, pero esa reflexión tiene su sentido. Y cuando se realiza dentro de la oración puede resultar una fuente de reparación.

En el camino de vuestra vida, no abandonémonos la compañía del Señor. Si la debilidad de la condición humana nos lleva alguna vez a no cumplir los mandamientos de Dios, volvemos nuestra mirada a Jesús y gritémosle: “Quédate con nosotros, vuelve, no te alejes.” Recuperamos la luz de la gracia por el sacramento de la Penitencia, con El podemos encontrarnos siempre, por mucho que hayamos pecado, por muy alejados que nos sintamos, porque El está saliendo siempre a nuestro encuentro. Nunca es tarde.

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