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NUEVE AÑOS SIN MEIRA DELMAR

El martes 13 marzo, 2018 a las 10:22 am
NUEVE AÑOS SIN MEIRA DELMAR

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy / Otras publicaciones de este autor: http://bit.ly/2teqPbL

NUEVE AÑOS SIN MEIRA DELMAR

Se fueron los amigos.
Y el corazón se llenó
de ausencia,
como esos puertos de los que se alejan
para siempre los barcos.

Del poema Los amigos. Meira Delmar.

Vuelvo sobre mis pasos, echo los ojos como los dados sobre los recuerdos y veo delante de mí a Meira con su cara fatigada pero sonriente.

A Meira Delmar la conocí hace unos 30 años o más. Iba como una reina al Encuentro que acababa de abrir la pareja Rayo-Águeda de Mujeres poetas colombianas en Roldanillo. La veía como una mensajera de paz, de luz, de un más allá que reflejaba en su mirada honda y llena de misterio. Siempre la veneré como a un personaje de novela, de revista como la de Vanidades que la dio a conocer -1937- como poeta.

Sí. Meira era un personaje fuera de la serie de mujeres y hombres que vienen de otra esfera a nacer en este mundo. Ella era un personaje que parecía pertenecer a esa clase de divas como Isis, Erato, Calíope, Safo, Salomé, Dalila, la reina de Sabá, Sara, o más cerca, Isadora o Anaïs Nin que democratizó el sexo. Ella recobró el cauce del amor e hizo fácil, -más que Moisés- devolver el curso de las aguas de un río.

Le pedí que me dedicara -y lo hizo- el poema Fuga: “Habré pasado ya cuando tus ojos/se vuelvan a buscarme./…”Ahora te recobro y digo que eres/habitante de todas mis comarcas/…Porque el amor es río que de pronto/desencadena sus corceles de agua/por un cauce de fuga/Y nadie ha visto regresar un río./” Esa metáfora final, ese turbión de palabras, como un río desencadenan, más que las aguas y los corceles, una estampida.

¿La poesía de Meira es un velo transparente, una caricia, una ensoñación, una visión celestial o un estruendo? Todo eso y más. La vena de esta musa de las aguas barranquilleras es una cantera de hallazgos de joyas nuevas y melodías. Tiene cabida la poesía amorosa, el lenguaje magistral de Lorca, la profundidad del pozo de Jacob, la altura de Teresa de Jesús o la fluidez de la Mistral.

¿Quién no se enamoraba de Meira, la novia del Mar? ¿Quién no la amaba con su sonrisa de ángel y al movimiento de sus trigales libaneses? ¿Quién no la abrazaba con la suavidad de su regazo? Meira era algodón, almíbar y un cielo que destilaba poesía desde sus manos.

Difícil tarea para el suelo colombiano producir de nuevo manjar poético tan suculento como era la marejada barranquillera Meira Delmar. La amiga, la poeta, la mujer que hizo suspirar a colegas y extraños ya nunca más sonrió ni leerá Fuga ni Los amigos. Se escondió en la tumba y solo las sombras que sintieron su respiración y su silencio conversarán con ella.

Nos dejó sus poemas, su mar y su ciudad, su mirada de cielo y de gaviota, sus suspiros, su risa y una flor para nuestra solapa.

09-03-18                                          3:09 p.m.