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NUEVA ERA Y ESPIRITUALIDAD

El lunes 24 julio, 2023 a las 1:15 pm

NUEVA ERA Y ESPIRITUALIDAD

Rodrigo Valencia Q

   «Espiritualidad«, que debería ser algo sublime, es un término vulgarizado y distorsionado por los tiempos, populismo en busca de ventajas y milagrerías, que han llegado a ser el facilismo de los buscadores de lo fantástico y, claro, nada más exitoso que las falsas doctrinas que prometen el éxito y el milagro a la menor orden de los caprichos de la voluntad, ¡como si el Reino de Dios consistiera en lograr las cosas de la tierra!

   Sobre todo, «la nueva era» y sus supuestos «maestros ascendidos», que a partir de Madame Blavatski, Annie Besant y otros propulsores de la «teosofía» (Krishnamurti se les escapó de las manos), quienes con el tiempo han llegado a degenerar en doctrinas falaces, ágiles para oídos que no disciernen ni buscan verdaderamente profundizar las buenas vías. Convendría leer de René Guénon, «La teosofía, historia de una pseudorreligión». Porque hasta la misma Madame Blavatski anunció a su amigo Soloviof: «Diré y publicaré en el Times y en todos los diarios que el Maestro Morya y el Mahatma Koot-Hoomi son sólo el producto de mi propia imaginación… que los he inventado…»  (carta, febrero de 1886). Sin embargo, son dos interesantes señoras, Blavatski, rusa (1831-1891) y Besant, inglesa (1847-1933), como profusas y sugestivas son las obras que escribieron ambas.

   Pero es sobre todo a partir de Conny Méndez, autora venezolana (1898-1979), quien afirmaba su filiación doctrinal con el «Maestro Saint Germain«, que esas tendencias no han cesado de captar adeptos en todo el mundo con una «metafísica» que no tiene nada que ver con las hondas especulaciones de la filosofía. En fin, también Rosalía Luque, escritora mística argentina (1893-1965), autora de bellos e inspirados libros como «Arpas eternas», «Siete portales» y otros, de quien no dudo de su buena voluntad y disposición, sin embargo, atribuye telepáticamente sus obras al supuesto maestro esenio «Hilarión del Monte Nebo«; como igual Alice Bayley, también interesante autora inglesa (1880-1949), quien endosa la autoría de sus obras al «maestro ascendido tibetano Djwal Khul«. Desde entonces no cesan de atribuir mensajes «inspirados» a Saint Germain (mítico pero real personaje que aparecía en la corte francesa del siglo XVIII) y a otros «maestros ascendidos», «ángeles», «arcángeles», etc., etc., que no son más que comunicaciones «espíritas» del subconsciente de los médiums que las «canalizan».

   Que yo sepa, el conde de Saint Germain sólo escribió una obra: «La Santísima Trinosofía» (la conozco porque la he leído varias veces), oscuro texto, lleno de indescifrables claves herméticas, como podrán constatarlo quienes traten de leerla. Y, bueno, nada qué ver con difíciles doctrinas enseñadas por George Ivanovich Gurdjieff, célebre mistagogo ruso (1866-1949), quien concientiza a sus «discípulos» de su total carencia de esencia y la absoluta nada de su ser, motivación que debe ser la palanca para comenzar construir un verdadero yo o «amo» dentro de cada quien con ingentes esfuerzos personales para destruir el yo de la falsa personalidad, que abunda como basura en cada uno de nosotros.

   Pero hoy en día nada hay tan fácil como proclamarse «Yo Soy Dios», en total contradicción con las auténticas enseñanzas de sabios y santos de todas las doctrinas, quienes proclaman abiertamente nuestra propia, irrisoria nada, y por supuesto la clara negación del yo, en oposición a las protuberantes doctrinas de hoy que proclaman inmensamente el valor de un ego falso autoinflado y «todopoderoso». Pero es de saber que el «Yo Soy el que Soy» de la doctrina de Moisés, «El Santo de los Santos», era y es el inaccesible Misterio de los misterios, el Dios que se oculta a sí mismo ante las miradas profanas, ese abscóndito Yo Universal que nadie logra desocultar sin un ingente trabajo interior.

   En fin, abunda una confusión espectacular en todo esto. Seguro, estamos en manos de los charlatanes y falsos mesías anunciados por Cristo para los últimos tiempos y, en cambio, no se leerán ni estudiarán los buenos autores, que desmienten, desde antiguo, toda esta farsa de novedades «espirituales».

   **RVQ**

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