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Martes, 27 de octubre de 2020. Última actualización: Hoy

NUESTRO LEMA EN PANDEMIA

El jueves 14 mayo, 2020 a las 12:53 pm
NUESTRO LEMA EN PANDEMIA
Imagen base para el montaje: https://www.latercera.com/

NUESTRO LEMA EN PANDEMIA

La prolongación del obligado aislamiento social, como resultado de la expansión de la inesperada pandemia que afrontamos, ha dado lugar al redescubrimiento de prendas desechadas y juegos de mesa arrumados, tanto como de desuetos propósitos de reingeniería corporativa y moral. Confluyen al interrogante: ¿qué va a pasar después de esto?, al igual que a la respuesta hueca y cajonera de que gracias a la reconocida resiliencia de nuestro pueblo saldremos fortalecidos y mejores como seres humanos y como sociedad.

Los teorizantes más reconocidos de una disciplina afín a nuestro quehacer, luego de advertir que a diferencia de los presagios de que la confrontación entre oriente y occidente agudizaría en sanciones económicas y confrontaciones nucleares, descuidó la terrible amenaza de la guerra biológica, han observado que en el ámbito de la geopolítica, acorde a la experiencia presente de los estados latinoamericanos, la fricción no solo aparece entre las administraciones centrales en procura de la “reactivación económica” y los niveles locales, más preocupados por la salubridad pública y la guarda de la vida, sino en esencia a un ataque que confronta nuestro lema… ¿al fin qué … libertad u orden?

No obstante, siendo destacado por los expositores virtuales que hemos escuchado, que la pretendida “huida del derecho administrativo”, tanto como la crisis del constitucionalismo y el derecho político, que conforme la imperante tesis neoliberal deben ceder al decurso de las leyes de la economía, ven enfrentados paradójicamente a quienes las han preconizado, ante este episodio de crisis mundial, al verse en la necesidad de reclamar la intervención de un Estado fuerte y multidotado del cual se exigen acciones de policía administrativa y judicial, efectividad en la gestión de control, intervención en los procesos de garantía alimentaria a las poblaciones desfavorecidas, auxilios y subsidios, novedosas medidas tributarias, entre otros cometidos públicos que bajo su teoría, no hiciera falta que se cumplieran.

La reingeniería social y del Estado, se ha puesto de presente frente al sacudón operado por el fenómeno actual, destacándose el ejemplo de los “teletrabajadores” tanto del sector público como del privado, donde por el contrario a la retahíla del individualismo, los computadores y las redes informáticas han hecho menos autónomo e independiente al trabajador, cuanto más atado se lo ha visto a la incursión de la vigilancia policiva de los empleadores. No es tanto que los ingenieros de sistemas puedan ser empleados por horas, ni que los ortodoncistas estén preocupados por el diseño de sonrisa de sus pacientes, sino que no existen motivos para sonreír, ni mucho menos para pensar que unos y otros por contar con equipos o instrumental, ahora sean propietarios del “capital”, ni que hayan podido abandonar su condición de trabajadores, que son en la práctica, dependientes.

Desde otra perspectiva, ciertos sectores de opinión han empezado a inferir que, para mantener después del coronavirus nuestro lema integrado, de libertad y orden, la garantía de la libertad de empresa deberá obedecer a mayores exigencias de solidaridad atemperadas al modelo de Estado Social, pero han detectado que nuestras democracias tropicales ven en la emergencia una oportunidad de retorno a modelos autoritarios y policivos, cuya gestión alcabalera y populista exige productividad y aportes a las franjas de población popular e intermedia.

El trabajo y la producción económica solo tienen sentido como fines y bienes sujetos de protección a cargo del Estado, en la medida en que por ellos se garantice la vida y el bienestar, luego no habría necesidad de resolver el dilema entre libertad y orden, de asumir que las cláusulas de optimización en materias sociales, como la exigencia de un código laboral asociado a la garantía de una renta mínima vital, el aseguramiento de la sostenibilidad del régimen de pensiones, previo el aseguramiento de su rentabilidad y progresividad, el acceso de la población campesina a la tierra y al trabajo agropecuario atado al cometido de la seguridad alimentaria de la población, universalización del acceso a los sistemas de salud y educación, entre otros, encontrarían estados y sociedades que no respondieran con perplejidad e improvisación frente a situaciones de emergencia.

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