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Martes, 12 de noviembre de 2019. Última actualización: Hoy

Nuestro campo colombiano

El sábado 25 mayo, 2019 a las 8:23 am
Imagen cortesía de: https://bit.ly/2vGFBcp

Nuestro campo colombiano

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

“Títiro, tú bajo la sombra de una amplia higuera recostado practicas la música silvestre con una tenue caña!  Nosotros de los linderos paternos y los dulces labrantíos huímos de la parcela. Tú, Títiro, cansado a la sombra, enseñas a los bosques a cantar, hermosa Amarilis” Égloga primera: Virgilio. Siglo I

¡Ah, de nuestros queridos campos colombianos! ¿Quién cuidará esos campos y a esos campesinos? Mira uno hacia lo que llamamos campo, o sea, la parte rural, alejada de la ciudad, con caminos veredales, abiertos a pica y pala por entre la manigua. Allá no entran sino los campesinos, porque a muchas partes de Colombia hoy no pueden entrar ni los jeeps.

¿A qué llamamos “campo” aún en Colombia? ¿Todavía existen esas comunidades olvidadas y lejanas en nuestra Patria? Las de alpargate y ruana, la de caminos abiertos en greda y nunca pavimentados. Alejados de la ciudad y de la mano del Gobierno, mirados con desdén y asco?

Me acuerdo de Villa Gómez, de Susa, de Choachí, de Guachetá encima de un cerro. Caminé por sus veredas a pié y también en Sasaima. A sudar y romper zapatos y alpargates caminando por entre riachuelos recién llovía. Y no estamos hablando del siglo antepasado.

Eso sí. Me acuerdo de los magníficos mercados de pueblo en la plaza de Choachí y la dificultad para que subiera el carro que nos llevaba a Guachetá hace unos 15 años. ¿Cómo aguanta el campesino tanto descuido y olvido por parte de las “autoridades” que devengan un sueldo para “servir” a la comunidad? ¿Qué hacen los personeros y procuradores por mejorar las condiciones infrahumanas que deben soportar quienes viven en nuestros campos?

Me acuerdo de la égloga latina de Virgilio en las Geórgicas que narra la dulzura de las afueras de la civitas. La vida en el siglo primero era pacífica y descansada para los campesinos. Vivían felices descansando bajo una higuera. Sí. La vida del campo es deliciosa pero hace falta una justa comodidad para quien vive y trabaja allá y quien no pasea.

Desafortunadamente todavía hoy el campo está descuidado por los gobernantes, del presidente para abajo, de los alcaldes y concejales. Por allá no suben. Ya nadie sabe montar a caballo. Solo en carro. Y el campesino sube y baja a pié por entre barrizales.

Los campesinos todavía son ingenuos. Viven en casas de barro y caminan por entre piedras y charcos en las veredas de hace doscientos años. Le dicen sumerced a todos los que se atreven a subir por las trochas. Y les matan gallina y se portan como inferiores. Todavía parecen esclavos o agregados de ajena familia. No son ricos ni tienen estudio. No merecen ni saben qué es ser “autoridad” . Siempre han estado sometidos.

Desafortunadamente, hablar de campo hoy en Colombia es triste todavía. No les ha llegado la pavimentación aunque sí el celular. Qué paradoja y sinrazón. Nuestro campesino aún es ingenuo. Cuando compra un celular cree que está a la altura de los citadinos.

24-05-19 – 8:35 p.m.

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