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Sábado, 25 de mayo de 2019. Última actualización: Hoy

NUESTRO AIRE EN PELIGRO

El miércoles 3 octubre, 2018 a las 8:59 am

NUESTRO AIRE EN PELIGRO

NUESTRO AIRE EN PELIGRO

Amables lectores: ¿alguna vez se han puesto a pensar que nuestro aire quilichagüeño, y nortecaucano en general, no está al ciento por ciento limpio y en condiciones de ser “respirable” como aparenta ser? Pues bien, el aire, ese componente milagroso de nitrógeno (78%), oxígeno (21%) y otros gases como el dióxido de carbono, argón, neón, helio, hidrógeno, otros gases y vapor de agua (1%), que nos posibilitan la vida diaria en nuestro contexto regional, está siempre contaminado y viciado por tres factores preponderantes: por culpa de la emisión constante de la combustión de motocicletas, carros, buses, colectivos, camiones y tractomulas, por lo que sucede en los cañaduzales vecinos (aunque usted no lo crea, diría Ripley) y por la quema descontrolada de pequeñas y grandes extensiones de terrenos en estos días de verano inclemente que nos está azotando en forma implacable.

Es decir, hablando en plata blanca, como se dice, estamos respirando un aire viciado en todos los sentidos, habida cuenta que nuestro Santander de Quilichao, está creciendo en forma acelerada en su parte urbana y la invasión del sector automotor es evidente, existiendo la contaminación por medio de la combustión de los automotores, unida a la contaminación auditiva, es decir, el ruido propiamente dicho, que nos estresa a cada instante, en especial los días de mercado, concretamente los sábados, cuando no hay control adecuado de algunos perifoneos al más alto nivel. Y qué tal el ruido ensordecedor de esas motos sin silenciador que a cada instante nos asustan y nos ponen los pelos de punta (nos erizan, como diría Amparo Grisales). Así, de esta manera, los quilichagüeños nos estamos aguantando dos contaminaciones, la producida por la combustión de los vehículos y la auditiva, por el exceso del ruido “que nos enloquece”. Y algún chistoso por allí diría: “no olvidar la otra contaminación, la visual, de las vallas oficiales con la imagen del alcalde que por allí pululan, anunciando la pavimentación de algunas calles, sabiendo que eso está prohibido por ley, sabiendo que son obras oficiales que no ameritan tanta publicidad”.

Volviendo al tema importante de la contaminación que nos azota, casi nadie habla de la segunda, la de los cañaduzales que nos rodean por los costados cercanos a nuestra cabecera municipal y a la cual se refiere muy bien la columnista Tatiana Acevedo Guerrero en El Espectador del pasado domingo 30 de septiembre/18, en su columna titulada “Al aire”, en la cual comenta sobre los pesticidas que usan en dichos cultivos, los cuales también caen en los ríos cercanos y se evaporan en la atmósfera, al igual que las consecuencias de las quemas masivas de grandes extensiones de los cañaverales, creando nubes de humo y ceniza, cuya pavesas caen con mucha frecuencia en nuestras calles y casas. Lo más dramático es su conclusión de su columna: “los campos de caña ardientes liberan grandes cantidades de nitrógeno, sembrando el cielo con lluvias ácidas”.

Como conclusiones importantes, necesitamos en Santander de Quilichao más cultura ciudadana en lo referente al cuidado de nuestro medio ambiente y una estación de monitoreo que siga paso a paso los niveles de contaminación del aire y el control de las lluvias ácidas, que nos están perjudicando sin darnos cuenta en nuestra salud.

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Otras publicaciones de este autor: https://www.proclamadelcauca.com/tema/noticias-proclama-del-cauca/opinion/javier-enrique-dorado-medina/

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