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Nuestras elites y el proceso de paz

El lunes 15 abril, 2013 a las 8:53 am
Santiago Zambrano Simmonds

Santiago Zambrano Simmonds
zambrano_santiago@hotmail.com

Cauca-Bogotá

En los últimos veinticinco años el Congreso ha promulgado las siguientes leyes que tienen que ver directamente, en mayor o menor medida, con la tenencia y organización de las tierras: ley 30 de 1988, simplificación de trámites adquisición de tierras en zonas rurales mediante negociación directa; Ley 160 de 1994, propiedad a través del mercado de tierras y Zonas de Reserva Campesina; la fallida Ley 1152 de 2007, Estatuto de Desarrollo Rural; ley 1454 2011, de Ordenamiento Territorial, normas debatidas, discutidas y aprobadas salvo la primera bajo el imperio de la constitución del 91 que en buena hora estableció mecanismos para la protección de las minorías pero que en la práctica, convirtió a los mestizos especialmente a los campesinos, en ciudadanos de segunda clase.

La escasa participación de la dirigencia caucana en la elaboración de dicha normatividad, común denominador, permitió artículos que han contribuido a tensionar nuestra población, realidad bajo la que vivimos desde hace años, dirigencia que prácticamente es la misma que gobierna ahora y que al igual que en esas  épocas, son radicalmente viscerales en la oposición y permisivos y aduladores si están dentro del Gobierno y/o necesitan hacer “gestión”.

Esa displicencia en tema tan fundamental, conlleva una honda preocupación en otro tema esencial, la paz. Inquieta por decir lo menos en vísperas de un año electoral – lapso en el cual los senadores empiezan a descender desde sus dimensiones celestiales a las terrenales – lo que hará o dejará de hacer esa dirigencia ahora que el país a raíz del proceso de paz en curso y como producto de la negociación, se ocupa de las posibles consecuencias que tendría un nuevo ordenamiento rural.

Para el Cauca, el departamento más rural y heterogéneo de la zona andina de Colombia, éste asunto es de la mayor relevancia. Debemos debatir nuevamente el ordenamiento territorial, la municipalización de los resguardos indígenas, el derecho que tienen los campesinos a proteger la frontera agrícola mediante Zonas de Reserva Campesina, exigir un replanteamiento de la política de cultivos ilícitos, pues como están las cosas de firmarse un acuerdo de paz, nuestro pueblo no la va a sentir, sólo cambiaremos Farc por Bacrim.

Lamentablemente, asunto que nunca en la historia había pasado, la élite política se capitalinizó, sólo viene a recoger votos para ser reelectos o para ejercer gobierno. Tengamos claro que el Cauca nunca fue menos que Bogotá, aunque pareciese hoy que así es, esto tal vez se deba a que nos dejamos de preocupar por la educación en el sentido libertario, o tal vez fue que nuestras elites se olvidaron de su pueblo. O tal vez ambas. Pero lo que sí es inaplazable es que el Cauca, tan soberano como un resguardo, se replantee con orgullo su relación con Colombia.

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