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Nuestra indiferencia sepulta al Cauca

El martes 25 octubre, 2016 a las 9:49 am
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Rubén Darío Zúñiga G. / Periodista / Coordinador General: Magazín Informativo Café y Radio / Emisora Radio 1.040

Los hechos de corrupción en el Cauca dan como para una novela. Pero más grave aún la indiferencia ciudadana. Asistimos a una especie de letargo general circunscrito a una mera censura por redes sociales.

Más allá de denigrar, postear una imagen o pedir una acción de castigo para los corruptos, la censura moral no traspasa fronteras. Quizás por la desesperanza en los entes de justicia, – lentos por cierto – o tal vez, por esa relación perversa entre fiscales y jueces corruptos, amigos de los criminales de cuello blanco. ¡Los hay! Son hábiles para acomodar la norma y expertos en absolver culpables. Y frente a ello, el silencio ciudadano corroe y mata. Carcome como el óxido.

Nos hace falta activismo y si se quiere, más malicia «indígena». Esa que les sobra a aquellos negociantes disfrazados de políticos. Donde hay ausencia de caucanos vigilantes, hay abundancia de oportunidades para los ladrones del recurso público. Porque aunque parezca contradictorio no es ni siquiera la malicia del corrupto sino la permisividad ciudadana la causante del desangre de las finanzas.

Empezar a cambiar tal panorama no es imposible y el primer paso es elegir gente decente y transparente. Hoy eso pareciera una utopía pero se puede. No todo político es corrupto y por eso es tan importante saber votar. Otro aspecto, es sin duda, erradicar el «no me importa», «como no es conmigo», «allá ellos», «para qué, si siempre se salen con la suya» o la más repugnante: «lo malo de la rosca es no estar en ella». Estas premisas derrotistas nos condicionan y nos lanzan a un abismo sin fondo. Y en esa caída desaparecemos como ciudadanos.

Creer en otro futuro para el Cauca no sólo es posible sino obligatorio. Pero para ello hay que tener convicción, carácter y criterio en el momento de decir aquí se están robando lo de todos. Hay que perder el miedo; hay que dejar la cobardía. Seguir aguantando las carcajadas en nuestras caras de quienes se roban el futuro del Departamento no sólo es vergonzoso sino ultrajante. ¡El Cauca no nos puede quedar grande.

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