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NUDOS GORDIANOS EN QUILICHAO

El lunes 4 agosto, 2014 a las 7:53 pm

Crepitaciones

Hace días, caminando tranquilamente por el centro de Santander de Quilichao, mi “Ciudad de los Samanes”, “Tierra de Oro”, y ahora con toda propiedad, tierra de poetas, de deportistas, de periodistas, de gente amable y trabajadora, que merece un destino y un progreso mejor, me disponía con toda la cautela y la previsión del caso, a cruzar hacia el otro andén y como dice la canción: “miré para arriba y miré para abajo”. Cuando estuve seguro que la vía estaba libre, crucé la calle y justo, cuando estaba en mitad de la misma, apareció de repente, de la nada, del reino de los motociclistas sin Dios y sin ley, a quienes no les importa la vida de los demás, uno de ellos bien envalentonado conduciendo a mil por hora, ante lo cual, con ayuda de Dios, lo único que hice fue convertirme en peatón estatua, contener la respiración y quedarme bien quietico en toda la mitad de la calle, mientras por centímetros esa moto pasó rozándome y se alejó, tal como había aparecido, respiré un poco y al llegar al otro andén, me di cuenta que estaba pálido del susto, pero “vivito y coleando”, me pellizqué, le di gracias a Dios y aquí me tienen, amigos lectores, contando el cuento y mi experiencia aterradora.

Tránsito en Santander de Quilichao

Parece increíble que sucesos como el descrito, ocurran en nuestra querida ciudad, pero es la verdad monda y lironda y son el pan nuestro de cada día. Los peatones tenemos que convertirnos en toreros profesionales a la hora de salir a la calle y adivinar también lo que piensan los conductores, sean de motos (en su gran mayoría) o de cualquier otro vehículo. Caminar en Santander de Quilichao se ha convertido en una odisea y conducir, también. No se respetan las tradicionales señales de tránsito y la mayoría hacen caso omiso de ellas. Qué tal la mal llamada “alborada” (que de alborada no tiene nada) de las ferias quilichagueñas, no autorizadas por la ley, pero desobedecidas íntegramente por esos motociclistas quienes se creen los dueños y señores de la ciudad y desafían a Raimundo y todo el mundo y se convierten en un pandemónium horrible.

Para completar el cuadro anterior, muy preocupante y estresante, aparecen en escena los lugares que yo llamo los “nudos gordianos” (dificultades que no se pueden resolver de buenas a primeras y que solo admiten soluciones creativas) del tránsito quilichagueño, que son los sitios neurálgicos que a determinadas horas del día, se convierten en lugares imposibles de transitar, donde no existe una sola autoridad de tránsito, ni verde ni azul, ni de otro color, donde el peatón lleva la peor parte y donde han ocurrido accidentes a montón. Menciono solamente dos para muestra: calle 6 con carrera 9 y calle 7 con la misma carrera. Dado el desorden vial quilichagueño, me atrevería a decir que la mayoría de los cruces en nuestra ciudad, son mudos gordianos, a pesar de algunos esfuerzos de las autoridades municipales de tránsito, como la denominada “Cambiemos de Actitud”, en relación con los conductores ebrios (otro dolor de cabeza).

En verdad, debemos entre todos, autoridades encargadas y buenos ciudadanos quilichagueños, fomentar una cruzada por el buen orden vial de nuestra ciudad, donde sea posible salir a caminar sin miedo a salir atropellado, o salir en nuestro vehículo sin el menor atisbo de causar un accidente lamentable y propender para que no haya ninguna inseguridad, ni vial ni la de siempre, la que siempre nos ha afectado. Sería el colmo de los colmos (Estocolmo).

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