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Notre Dame y la JEP

El miércoles 8 mayo, 2019 a las 8:57 am
Imagen cortesía de: http://cort.as/-HpVs

Notre Dame y la JEP

El pasado lunes 15 de abril del presente año, cuando el mundo católico y cristiano comenzaba en forma la celebración anual de la llamada Semana Santa o Semana Mayor, ocurrió ante la vista y el asombro de todo el mundo “en vivo y en directo”, como se dice ahora, uno de los desastres culturales de mayor impacto social a nivel mundial: el incendio de la Catedral de NotreDame (o Nuestra Dama), el monumento histórico, religioso y arquitectónico más visitado de Europa, en pleno centro de París, la magnífica y visitada capital de Francia, centro cultural del mundo, llamada con propiedad “la Ciudad Luz”. Como muy bien lo afirmaba Santiago Alba Rico a propósito: “aguantó nueve siglos en pie, sobrevivió a la guerra de los Cien Años, a la Revolución Francesa, a la comuna de París y a dos guerras mundiales. Jamás sufrió un incendio, salvo en la ficción de Víctor Hugo. Y ahora, en abril de 2019, entre algoritmos y drones ha ardido como una cerilla, en pocos minutos, ¡y sin motivo!” (periódico cultural “La Palabra”, No. 303).

Afortunadamente, merced al trabajo azaroso de casi 400 bomberos, la fachada y sus vitrales se salvaron, junto a las estatuas de cobre que adornaban el chapitel. La cruz del altar principal también quedó intacta. Lo que el fuego se llevó fue el techo de madera construido con madera de la edad media, junto a la aguja que marcaba el punto más alto de la catedral, a 96 metros de altura. También se perdieron el 105 de sus pinturas.

Ahora bien, usando el poder de la imaginación “la loca de la casa”, los invito a usarla para poder afirmar también sin lugar a equívocos, que nosotros los colombianos también tenemos la fortuna de tener nuestra propia catedral de Notre-Dame llamada JEP (Jurisdicción Especial para la Paz), inscrita como columna vertebral del Acuerdo de La Habana, que puso fin a un largo conflicto de más de 50 años, que produjo cerca de 8 millones de víctimas y 300 mil muertos. A la manera de la catedral citada, la JEP se convirtió en la esperanza de un país martirizado por tantos años de una guerra fratricida que parecía eterna.

Para conseguir cimentar en forma tanto la paz con las Farc, como el correspondiente acuerdo de La Habana y su columna vertebral o catedral, la JEP, se necesitó de mucho empeño, fe y constancia, tal como lo afirma su propio gestor, el expresidente Juan Manuel Santos, en su libro “La batalla por la paz”: “La paz con las Farc no se hizo en ocho años. Fue un proceso largo que, con altas y bajas, avances y retrocesos, suspensiones y reinicios, comenzó en 1982 con los esfuerzos del gobierno de Belisario Betancur (q. e. p. d) y fructificó más de tres décadas después bajo mi mandato”.

Hace días, la JEP fue incendiada de frente por el Fiscal, junto con el llamado Presidente, con 6 bombas llamadas objeciones, apoyados por incendiarios del Centro Democrático. Afortunadamente los bomberos de la oposición y el partido Propaz, apagaron el incendio, después de tres días de dura lucha. La fachada de la JEP aún se mantiene incólume y la esperanza aún se mantiene, gracias a Dios.

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