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Nostalgias Radiales

El jueves 14 febrero, 2019 a las 10:23 am
Requiescat in pace… río Cauca
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Me considero afortunado, quizás demasiado, por tener ahora como herencia de mi querido padre José Antonio Dorado (Q. E.P. D.), un tesoro comunicativo, representado en un mediano radio color verde manzana de transistores y tubos, marca Philips, con cuatro botones, un pequeño círculo concéntrico de color rojo donde estaban las emisoras de onda larga y corta distribuidas en otros tres círculos concéntricos junto a la aguja blanca y roja, las cuales al contacto de la energía eléctrica se convertían en un fantástico adorno audiovisual, que nos acompañó y alegró casi toda la vida. Como mi padre lo adquirió con mucho esfuerzo, a plazos, decidió colocarlo en la sala de la casa, en un lugar bien alto, encima de una repisa de madera y hasta lo tapaba con un dulceabrigo, con el fin de que no le cayera nada de polvo y que nada malo le pasara, pues era según él “lo más preciado que había conseguido”, con sus trabajos como sastre y director de la Banda de Músicos de Bolívar (Cauca).

Para toda la familia ese radio Philips fue la sensación y maravilla nunca vista en la casa. Y para mí, especialmente, se convirtió en la única oportunidad de permanecer bien informado, de estar al día en todos los temas habidos y por haber, pues mi padre era fanático de las noticias, de la buena música colombiana, de las radionovelas de esos años, etc, etc. Cómo no recordar a emisoras como Radio Santafe, con su música colombiana a la madrugada con la cual nos alistábamos para ir a estudiar, a programas como “La hora Philips”, “el Club del Clan”, el “Show de Montecristo”, al chileno Everh Castro, a “Los Tolimenses”, “la ley contra el hampa” radionovelas como “ChanLiPo”, “El ídolo de la cumbre”, la fantástica Kalimán”, la cual nos incentivó la imaginación y nos permitió soñar y soñar. Una de las noticias que escuché a la edad de 11 años y que más me impactó fue el asesinato de John F. Kennedy, ocurrida el viernes 22 de noviembre de 1963, en Dallas (Texas) a las 12:30 P. M. Me acuerdo muy bien que, para seguirla paso a paso, me tocó colocar una pequeña silla de madera, en vista que el radio estaba muy alto, según expliqué antes y me emocioné tanto que lloré un largo rato. Otro suceso que me marcó en aquellos felices días de la radio, fue un daño en las redes eléctricas que venían de Nariño que duró casi un año y ya ustedes se imaginan el alborozo y la alegría que inundó al pueblo y a la familia, cuando “llegó la luz y la radio”.

Hoy en día a Dios gracias, todo ha cambiado, estamos en la era del internet y ya es posible conectarse al instante con cualquier emisora o radio del mundo, pues estamos “on line”, como por ejemplo Proclama del Cauca Radio. Pero nunca olvidaremos esas nostalgias radiales que nos marcaron para siempre.      

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