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Nocturno de Lesbos

El martes 26 abril, 2016 a las 11:55 am

Armando Orozco Tovar

Armando Orozco Tovar.

Da vergüenza ser humano. Siempre fue así. Lo que ocurre en el Mediterráneo, la isla de Lesbos y en Europa. Los miles de sirios y africanos ¿De dónde más? De todas las regiones saqueadas por la furia capitalista, sin olvidar que la oportunidad tenida por la humanidad hace cien año, intentando cambiar de modelo de supervivencia sobre la nave terrestre, se cambió cuando el proyecto que debía servirle al humano, se viró al revés de la posibilidad de una salida, pero los progrom contribuyeron a cavar con logros de los cambios. Fue peor el remedio, que la enfermedad. El terrible y doloroso espectáculo de los refugiados de Europa, es una situación pariente de la masacre genocida turca, también hace una centuria contra los armenios.

El llamado descubrimiento americano español, contra los habitantes originarios de esta tierra, fue como un sismo de simios con charretera. Es igual la catástrofe de los desterrados- naufragados, que convirtieron todo un océano en cementerio. Al genocidio contra los negros de África, convirtiéndolos el mercantilismo salvaje, en herramientas para la esclavitud, durante cientos de años. Igual a lo que produjo el nazismo con sus campos de concentración y de exterminio, sus hornos crematorios por toda Europa. La aniquilación sionista diaria israelí contra los palestinos da vergüenza. Con el recuerdo de las torturas de los inquisidores contra el torturado. Nunca pensé que el poema Lesbos de Charles Baudelaire, número 131 de su libro Las flores del mal, que tanto me conmoviera, cuando lo leía por primera vez hace veinte años, se hiciera realidad no sólo como suicidio de la poeta Safo, sino como un espectáculo humano macabro. Los genocidios de los refugiados, que se muestra todo el tiempo a medias por los noticieros: Ahogamiento de niños, mujeres, jóvenes, hombres y viejos, tratando de alcanzar Lesbos. Información eufemística presentada al lado del último gol en los estadios, la fiesta, el carnaval, que silencian de inmediato los gritos y los lamentos de los asfixiados, o el dolor del hambre y el frío, acogido en los estómagos. Da vergüenza abrir el refrigerador, meterse junto a la amada, bajo las sábanas tibias, oír la risa del hijo, darle comida al gato, sacar el perro a pasear, escuchar los trinos mañaneros de los gorriones. Si la humanidad no cambia el modelo que agobia su existencia, “profetizo una desgracia”: La raza humana desaparecerá más pronto de lo que canta un gallo. Tampoco lo volvieron a hacer sus roncas gargantas en las madrugadas del mundo, anunciando una nueva aurora. –“Lesbos donde los besos son como esas cascadas/Que, sin miedo, se lanzan a simas profundisimas/y corren sollozantes, con gritos sofocados,/ borrascosas y ocultos, profundos y hormigueantes;/¡Lesbos, donde los besos son como esas cascadas.” (…) Charles Baudelaire.

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